De cumpleaños y otras maldiciones
Un blog de Jorge Benito
Más rápido que tu sangre
-Che, ¿te parece bien caerle así, de sorpresa, a Ale?, le dice Tadeo a Toto, mientras caminaban hasta la casa de Alejandro.
-Sí, che, es el cumpleaños, él es siempre muy amable y locuaz, lo aprendió cuando pensaba estudiar Geología.
Pero...
-Uh, que hacen acá, están locos, no, no puedo, dice Ale.
-Pero es tu cumple, le dicen los amigos.
-Sí, sí, claro, dice mirando para todos lados, parece asustado. Lo que pasa es que esta todo desordenado. Como ahora tengo un gato hay mucho olor, no nos podemos quedar acá.
Mientras decía esto, un hermoso gato negro salió a la puerta detrás de él, inmediatamente empezó a refregarse en la pierna de Tadeo.
-Juera bicho, digo, que lindo gato. Saltó Tadeo.
-Te lo regalo, entonces
-Uy, ¿en serio?
-No, no puedo, ella me mataría. Pero, bueno, vayan al bar El Pingüino, que yo invito unos vinos.
Desalentados, los amigos se dirigen al bar.
En eso, se les cruza una mujer, muy apurado tal vez tratando de que no la vieran.
Es alta, morocha, con un cuerpo espectacular. Tadeo se da vuelta al ver que tiene ojos verdes y le dice a Toto.
-Che, que raro. No entiendo nada. Esa mina (¡Que mina! Dice Toto) tenía ojos verdes pero es muy parecida a una que nosotros conocíamos pero que no tenía ojos verdes. No sé, me habré confundido.
Se sientan, y llega Ale, medio agitado, medio despeinado.
Les cuenta que está muy ocupado, con proyectos nuevos. En la empresa lo pasaron a la parte de Logística y él ya se estaba cansado de jugar con camioncitos, entonces volvió a su viejo amor por la química, por esa ciencia maravillosa, dijo, Montó un laboratorio en la casa y estaba haciendo unos experimentos nuevos.
Ellos como que mucho no le creen, tienen miedo de que los experimentos que hace sean para fabricar anfetaminas u otras drogas más peligrosos. Ale llevaba años tratando de hacer un extracto del pájaro Uyuyuy, que decía que hacía crecer el pelo. Lo combinaba con aplicaciones del barro del dique Cascallares que decía que eran beneficiosos para la piel.
Toto y Tadeo, preocupados deciden seguirlo, no podían dejarlo solo en un momento como este.
Lo ven entrar a la casa todo apurado, ahí lo recibe Silvia y lo besa en la boca, apasionadamente. Los ojos de Tadeo giran enloquecidos, no puede ser, dice, no es Silvia...
Ya dispuestos a todo saltan la verja, para ver por la ventana, más de cerca.
Y si, se besaban apasionadamente, una y otra vez. Se desnudaban con los ojos...
Y empezaron a desnudarse con las manos, enseguida se escucharon los ruidos del sexo.
Toto se subió a unas piedras para ver mejor, y Tadeo se estiraba tratando de ver lo que podía, pero de repente se le apareció el gato enfrente. Tadeo ya estaba tan confundido que hasta le pareció que le guiñaba un ojo el gato.
Llegó el silencio y Toto corre las piedras hasta la ventana del baño.
-¿Ahí la vas a mirar, también?
-Ustedes dicen pero Silvia está muy buena...
Tadeo se queda pensando, ¿Silvia con un cuerpo espectacular... cuando había cambiado tanto y tendría lentes de contacto de color, para tener esos ojos verdes?
-Che, dice Toto, medio asqueado, en lugar de lavarse después del sexo, se está pasando una crema o así, por todo el cuerpo y ahora lo retira con las manos y lo pone en un cuenco.
Y está cantando una cosa muy extraña
Algo como Indefundedisheguenen CThulu
-¿Que? Se espanta Tadeo.
-Y ahora, no lo puedo creer, en el cuenco esa cosa se transformó en una pepita de oro.
Se miran sin entender, aturdidos.
En ese momento, ven salir a Silvia, muy contenta.
-Dale, aprovechemos, dice Toto, vamos a hablar con Ale.
Alejandro, les abre, totalmente agotado, apenas que se arrastra.
-No saben, me está matando. No me deja salir de la cama.
-Pero, como... ¿Con Silvia?
-Y... si.... siempre estuve un poco enamorado de ella, de su valentía para decir estupideces como si fueran ciertas. Pero no estoy muy seguro que sea la Silvia que nosotros conocíamos en la facultad.
-Claro, esta esta tiene ojos verdes y un físico espectacular.
-Sí, vieron. Pero tienen razón les debo una explicación y una disculpa por dejarlos de lado. Es cierto que empecé a armar un laboratorio porque me cansé de lo que estoy haciendo en la fábrica y quise volver a la química.
Empecé a ir entonces a la biblioteca de la facultad de Exactas, que se yo, tal vez por nostalgia ahora está todo en internet, buscaba material para investigar. Así fue que me fui decantando por la antigua ciencia de la Alquimia, la de los tipos de la edad media.
Fui haciendo algunos experimentos raros. Y ahí fue que empezó a aparecer Nabucodonosor.
-¿Que?
-Nabuco, el gato. Todos los cuadros de alquimistas tienen un gato, a mí me gustó la casualidad y me lo quedé. Tal vez porque leí del concepto de familiar, un ser medio mágico medio demoniaco que ayuda en los experimentos. Y con él aquí, avancé mucho en mi trabajo. Sobre todo desde que encontré el libro Faaris Pertcha.
Tadeo empieza a respirar todo agitado. Ese libro es la biblia negra del Luchismo, antiguo culto que más que olvidado debería ser pisoteado.
- Si, tenes razón en ponerte así, le dice Ale, la lectura es terrible. No lo dejan sacar de la biblioteca pero lo fui fotocopiando poco a poco. Y ahí, un día apareció Silvia y nos enganchamos. Es que cuando la vi en los pasillos de la biblioteca me dijo
-Mi ruta es tu ruta.
Así que caí rendido a sus pies.
-Entonces, dice Toto, donde están las fotocopias, seguramente ahí debe de haber una forma de librarnos de ella porque... Y le contaron lo que estaba haciendo en realidad con él.
-Que maldita, entonces es que es un súcubo, el libro los menciona. Pero las fotocopias las tiene ella, en una caja fuerte en el sótano, no sé la combinación.
Bajaron los tres al sótano y vieron que tenía una botonera, no había forma de adivinar seis números seguidos. Ella había sido más inteligente que ellos.
Angustiados se miraban, desesperados empezaron a teclear algunos triviales, 123456, el cumple de Ale, el día que se conocieron, etc.
De repente Nabuco empieza a frotarse entre las piernas y a maullar. Recuerdan que el gato es un familiar, esto quiere decir que quiere ayudarlos. Con sus maullidos los va guiando hasta poner la combinación correcta. El gato sonríe.
La caja se abre, ahí están las fotocopias. Ale se abalanza sobre ellas.
Toto en cambio, toma varias de las pepitas de oro y se las mete en el bolsillo.
Tadeo ve que en el fondo de la caja hay un medallón con una cadena. Lo levanta y es inesperadamente liviano, pareciera que lo estuviera llamando, entonces se lo mete en el bolsillo sin decir nada.
Entonces, se escucha un estruendo, es Silvia que entra enfurecida.
Ale se interpone y recibe el primer golpe, con lo cual sale volando contra la pared, tanta es la fuerza que tiene ella. Las hojas salen volando desparramadas.
Toto y Tadeo corren a enfrentarla, o para huir no sé, la golpean pero es en vano, ella es demasiado fuerte, los vapulea de un lado para el otro.
Ale, aterrado por ver sufrir a sus amigos, se levanta con la desesperación pintada en su rostro, con desencanto con la mujer que amaba.
Mujer que se había reído de él
Sus miradas se cruzan, Ale se pierde en esos ojos verdes.
Silvia suelta a Toto y a Tadeo.
Alejandro camina hacia ella, como sonámbulo, canturreando una canción de los Carpenter.
Ella queda extasiada. Toto la golpea pero ella ni se da cuenta, apenas se lo saca de encima como si fuera un mosquito molesto. Mientras avanza hacia Ale.
Tadeo corre a recoger las fotocopias del Faaris Pertcha, desesperado busca y busca una solución en esas páginas ahora todas arrugadas. Hasta que ve que el gato está arriba de una de ellas.
La toma, es el conjuro que los salvará.
Alejandro empieza a besarla, lento primero, más fuerte después. Se ve como las manos de él aprietan los brazos de ella, marcando su piel.
Están en un éxtasis mutuo.
Con Toto a su lado, Tadeo empieza el ritual.
Ella comprende y trata de librarse de Ale, pero él la tiene atrapada.
Silvia grita, amenaza, putea.
Pero ellos terminan el hechizo, con un grito de triunfo.
Silvia empieza a desmoronarse, en un polvo lechoso, volviendo a donde salió, a lo que siempre fue.
Ale llora sin consuelo.
Y Toto insulta al aire
-No me digas que todo el oro volvió a ser lo que era originalmente...
Dijo mientras se palpaba el bolsillo con asco.
Hasta la muerte siente miedo
Como la pandemia ya iba aflojando, Alejandro y Tadeo se fueron a la casa del Toto para festejarle el cumpleaños. Contentos por el reencuentro luego de tanto tiempo, estaban charlando y riéndose.
Toto dice
-Vengan que les tengo preparado un lechón para el asado que se van a chupar los dedos
-Uh, dice Ale, hace mucho frio para estar en la terraza, pidamos sanguchitos calientes, mejor.
-No, claro, ustedes no sabían, no tengo más la parrilla en la azotea. Me construí un sótano.
-¿Un sótano?
-Claro, saben, los chicos están grandes y la casa nos iba quedando chica. Construir en la terraza es peligroso por el tema de los cimientos. Así que agarre una pala y empecé a cavar...
-¿Y la tierra?
-No, me bañaba todos los días.
-No, digo que hacías con la tierra, no me digas que fue como aquella película que se la metía en el bolsillo y la iba desparramando por la ciudad.
-No, dice riéndose, solo la tiraba en el contenedor.
Todos se ríen, imaginándolo cuando tiraba un poco de tierra en el colectivo, otro en el subte...
-Pero no saben que me pasó, dice Toto, poniéndose serio de repente.
Ya había un sótano...
-¿Cómo?
-Sí, empecé a cavar y se desmoronó todo, parece que en el baldío de al lado, había una casa que tenía sótano. Derribaron la casa pero parece que el sótano sobrevivió.
Ah, y encontré un libro.
-U y, u y, dice Tadeo que ya se vio venir algo raro.
-sí, tenes razón, uno de esos libros que leen ustedes, esos de los dioses raros que Uds. Nombran cuando están borrachos... Cthulu, Yog Sogthot, Lucthu...
Tadeo y Alejandro se miran alarmados, ellos suelen nombrarlos, pero nunca cuando están borrachos
-Abdul ALhazred...
Es que parece que durante a pandemia, se reunían ahí un grupo de madres que tenían hijos internados con Covid, obvio no podían entrar a verlos.
-Sí, fue terrible eso, no me hagas acordar, dice Tadeo.
-Y encima parece que se les murieron todos los hijos, no sobrevivió ninguno. Por eso la agrupación se llamaba “Furias del Horror”
Hacían conjuros, tal vez sacrificios a esos dioses raros, para que curaran a sus hijos. Dicen que lo de Furias del Horror es un capítulo del Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred, que lo sacaron de ahí.
Obvio que no tuvieron éxito, porque esos dioses no existen...
Tadeo se santiguó, preso de un terror infinito, no se podía ser tan descreído, pensó.
-Pero bueno, no sé, dice mientras bajaban al sótano.
-Tenían un horno que está espectacular, ahí les voy a hacer el lechón, ya van a ver qué bueno. Eso sí, tiene unas letras raras rodeándolo
-A ver, dice Ale, acercándose, sí, creo que es arameo, ¿puede ser, Tadeo?
-Puede ser, pero cuando lo daban en la facu yo me rateaba para jugar al ping pong.
-A ver... dice algo así como “Traiga su propio fuego a nuestro infierno”...
Se miraron intrigados
Para salir del paso, Ale pregunta
-¿Y es a gas? Ojo que ahora vienen los aumentos.
-No sé, es que te acercas y se prende solo. Y fijate como calienta de bien...
-¿Y era de las madres?
-Calculo que sí, dicen, no lo sé seguro que también ellas murieron y que las cremaron en este mismo horno, como homenaje
-¿Como? Dice Tadeo, cada vez más asustado.
-Pero son habladurías, dicen que estaban reunidas y empezaron a quejarse de los dioses porque no salvaban a los hijos y como que pasó algo que hizo que terminaran todas adentro del horno, quemándose espero que muertas...
Pero claro que son mentiras porque yo no encontré cenizas y tendrían que haber quedado un montón si se quemaron todas, supongo que es una metáfora para decir que ellas se enfermaron y fueron cremadas.
Ven, ahí se prendió solo.
Aprovechando que había más luz, Alejandro, empezó a hojear el libro, sintió que tenía un tacto extraño como un cuero demasiado gastado sirviéndole de cubierta, un olor penetrante surgió de él.
Empezó a pasar las hojas cada vez más rápido.
Su cara iluminada por el fuego iba poniéndose de un color verdoso, tipo verde cotorrato de potasio.
Habló.
Pero su voz era distinta de la habitual, como un graznido ininteligible
Golpeó a Toto con el libro, gritando
-Tadeo, atalo. Mira, dice mostrando un pasaje del libro, acá dice que tenemos que quemarlo...
Tadeo no entiende nada pero sopapea a Toto, no para despertarlo sino porque le tenía ganas, nomas.
-Toto, mirá lo que dice Alejandro
Toto, más calmado, explica
-es el libro, ya me pasó. Es más, él es el que me hizo invitarlos a ustedes y traerlos al sótano. Yo quería locro.
Quiere sus cuerpos...
-Bueno, dice Tadeo, desde que voy al gimnasio y tengo este cuerpo trabajado, me lo dicen muchas mujeres.
Ale, poseído y todo como estaba, empieza a reírse.
-No, explica Toto, son las madres que quieren sus cuerpos para sus hijos, para que vuelvan a la vida. Ese era el pacto con Cthulu.
Ale, que seguía riéndose sin parar, quita la vista del libro.
Toto aprovecha y le golpea las manos, tirando el libro al piso.
Se desata un vendaval, las sillas vuelan por los aires golpeándolos, el horno empieza a crepitar, absorbiéndolos lentamente, ansioso por tragárselos, desesperado por cuerpos frescos.
Tadeo piensa, buscando una solución en sus recuerdos del Necronomicón
Toto dice que hay que nombrar a las madres, siempre pasaban lista antes de empezar la sesión, eso tiene que calmarlas.
Pero no pueden llegar hasta el libro caído, el viento que sale del horno es más fuerte y los empuja, terminará por engullirlos
-Ale, grita Tadeo, vos viste el libro, ¿Te acordas esos nombres?
Ale hace gestito de idea y dice-Riñones, mientras se toca la frente.
Y empieza a recitar los nombres de las madres. El viento parece volverse loco, está más fuerte que nunca, nos arrastra al horno. Toto salta hacia el libro, poco a poco se arrastra hasta él.
El horno empieza a lanzar llamas hacia la habitación, Ale, incansable, sigue recitando los nombres.
Toto y Tadeo llegan a agarrar el libro y entre los dos se acercan al horno y lo arrojan dentro, por fin...
Todos se miran, sudorosos y agotados.
Tadeo dice, con un hilo de voz.
-¿Porque los cumpleaños de ustedes son tan movidos y en cambio, en el mío nunca pasa nada?
Brenda
Alejandro y Toto iban para la casa de Tadeo, tenían sentimientos de culpa hacia él, porque siempre festejaban sus cumpleaños y Tadeo no. Por eso habían alquilado una quinta para festejárselo, contrataron un lunch, payasos, magos y unas estripers. Hasta iban a venir seis chicas amigas de Cacho, que solo les cobraban un chocolate con churros.
Tadeo los recibió con una sonrisa triste. Se lo veía muy desmejorado, delgado y con grandes ojeras.
Le gustó la idea de la quinta pero tenía miedo que hubiera mucho barrito ahí.
-Que te pasó, le preguntan a dúo, muy preocupados.
-No, nada, todo bien
Se acuerdan del medallón que encontramos en la caja fuerte de Silvia, Toto hace un gesto de asco,
Bueno, empecé a mirarlo con más detalle y era como que tenía letras que aparecían y desaparecían, además el paisaje de fondo cambiaba constantemente. Vieron que yo volví a la facu, a física, para hacer las materias de teoría de cuerdas, bueno, ahí hablan de que habría once dimensiones no las tres que vemos además del tiempo.
Y es como que el medallón me deja ver algunas de esas dimensiones.
Las letras forman conjuros extraños.
Ale mira el medallón y no ve nada raro pero Toto dice
-Sí, ahí dice Abdul Alhazred...
Entonces Ale pregunta
-¿No será algo peligroso? ¿Como cuando tomaste agua del dique Cascallares?
-No, no, dice muy seguro Tadeo, bueno, no lo sé.
Pero el conjuro se completa con mi sangre, dejo caer unas gotas sobre él y puedo ver otras dimensiones, otros mundos. Como decía Coquito, habiendo tantas cosa que pueden suceder, porque es que ocurre una sola.
Y parece que en realidad ocurren todas y el universo se va multiplicando.
Además, encontré un mundo donde habitan sólo mujeres morochas de ojos verdes...
Como Brenda.
Toto y Alejandro se miran.
-Tadeo, dicen, ya sabemos que sufriste mucho por la muerte de Brenda, tu novia, durante el Covid, que ella murió, que ella murió sin que te despidieras, pero ella murió, lo sabes.
-Sí, lo sé, imagínate que el poema que le dediqué sacó un quinto premio, ahí está enmarcado en mi pared.
Bajo la lluvia
Ya no puedo juguetear bajo la lluvia
Ahora estoy mayor
Y debo cuidarme...
Hasta uso paraguas,
No como antes,
Como cuando éramos chicos,
Como cuando nos amábamos,
Como aquella última vez,
Que nos agarró la lluvia en el parque.
Como reíamos,
Saltando los charcos,
Viendo los gorriones volar apurados
A sus nidos protectores.
Y estabas tan linda...
Con tu pelo largo todo mojado,
La sonrisa en tus ojos verdes,
El rouge un poco corrido de tanto besarnos.
Y una gota de lluvia,
Que atrevida,
Hacía equilibrio en la punta de tu nariz.
Corrimos a casa a amarnos.
Y esa misma noche, empezó la tos.
Los días pasaban y la tos crecía.
Luego los médicos, la ambulancia.
Terapia intensiva, después.
Pero ya no hubo un después.
Te fuiste sin verme,
Sin que me despidiera...
Ya no jugueteo bajo la lluvia,
Ya no.
Ahora me cuido, sin saber para qué...
Estoy completamente consciente que murió, dijo Tadeo. Pero ahora tengo la posibilidad de volverla a ver, con su ayuda, chicos, voy a poder atravesar el muro entre las dimensiones y volver a estar con ella.
Ni Alejandro ni Toto creían que eso fuera a pasar, pero igual iban a ayudar a su amigo.
Entre todos prepararon todo, hierbas, velas, música suave de AC-DC.
Tadeo empezó a recitar la letanía
Ph´nglui mglwinafh
Lhutchu
R´lyeh anwg fhtagn
wgah´nagl fhtagn
Lhutchu
Mynngah
Cerrando los ojos cortó nuevamente la palma de la mano.
La sangre de Tadeo empezó a caer sobre el medallón, lenta pero constante.
Maravillados, veían aparecer otro mundo, reflejado a través del medallón. Idílico, un valle, un lago, montañas a lo lejos, muchas flores por todos lados...
Y un montón de morochas de ojos verdes...
Una de ellas, de ojos verdes muy claros y luminosos, los miró y empezó a hacerles señas, llamándoles.
Tadeo, entusiasmado, se hizo un tajo más grande, ya la sangre le salía a chorros, bañando al medallón que se tragaba la sangre como si fuera el vacío del espacio.
El límite entre universos, empezó a hacerse más difuso, ya casi podían tocar a las chicas.
Tadeo estira la mano, al tiempo que con sus pocas fuerzas dice ¡Brenda!
Pero no es un brazo de mujer lo que sale del otro universo sino un tentáculo, todo el paisaje cambia.
Ya no es idílico, ahora es un infierno humeante y hediondo.
No son mujeres, es Cthulu en persona.
Era una trampa, las morochas eran señuelos, estaban a punto de permitir que Cthulu vuelva a la Tierra desde su exilio.
Alejandro y Toto se horrorizan pero Tadeo no parece notar nada, él sigue, embobado, viendo a Brenda.
Ale y Toto corren hasta el medallón, los tentáculos de Cthulu rozan a Alejandro y éste se detiene espantado.
El contacto con su piel es una sensación espeluznante, enseguida se le ampolla con verdosas pústulas que gotean un líquido amarronado y hediondo.
Toto toma el medallón, este, a caballo de los dos mundos, parece pesar mil quilos, no puede moverlo.
Alejandro pone delante de la cara de Tadeo su brazo lleno de pústulas, y lo zamarrea. El olor invade la habitación y Tadeo vuelve a pestañear, sus ojos ya no están vidriosos.
Corren, y entre los tres, hacen fuerza y consiguen levantar el medallón.
Eludiendo los tentáculos que se agitan desesperados, lo arrojan dentro de la otra dimensión con grandes gritos y un fogonazo de oscuros colores y olores todavía más terribles. El portal se cierra seccionando uno de los tentáculos que cae disolviéndose en una baba verdosa y maloliente.
-Brenda, dice Tadeo.
Sé que no es así pero no puedo dejar de pensar que dejamos a Brenda sola en un mundo con Cthulu...
Un amor de Paris
-Stella, como estas, dice Alejandro, cuando atiende el teléfono.
-Bien, recién llegada, después del viaje a Europa, a ver a mi hijo Hugo...
Charlan un rato, se cuentan sus cosas.
-Che, y de Tadeo ¿sabes algo?, lo llamo a la casa y no me atiende nadie.
-Sí, tuvo un problemita... de salud, eso de salud y entonces lo trajimos con el Toto a vivir acá unos días, como estaba muy flaquito lo tenemos a asado perpetuo. Y, oíme por qué no te venís el fin de semana a comer vos también, acá a Padua.
-genial, pero tendría que ir acompañada, vos sabes ¿Quieren que lleve un poco más de carne para el asado, o cualquier otra cosa?
-No, no te preocupes, con los contactos de Toto con el Senasa, conseguimos una carne bárbara y muy barata. Si queres, trae algún postre, pero de golosos nomas...
-Entonces, nos vemos.
Ese fin de semana amaneció espectacular, Stella llegó temprano y cuando los chicos van a recibirla, se encuentran con el novio.
Tadeo, se sorprende y dice, -¡Es Sergei!
Y ale repite, Sergei, cuatro letras, S,E,R, G ei
-Ah, ¿cómo, se conocen? Se extraña Stella.
-Sí, estudiábamos juntos en exactas, dice Ale con asco.
Toto, lleva aparte a Tadeo.
-¿Quién es, no lo conozco?
-Sí, compañero de la faca, es anterior a tu época.
-¿Y porque Ale lo mira tan mal?
-Qué se yo, creo que Sergei se quedó con una minita que le gustaba a él, o algo así...
Tensos, todos fueron para la parrilla, donde Ale tenía su último invento, así como Ferrán Adrià usa nitrógeno líquido para congelar alimentos, Ale usaba una mezcla de metano, fulano y maderitas de cajón de manzana en estado gaseoso para conseguir 3200 grados centígrados.
Así y todo, el asado le quedaba crudo.
Con todo, comieron como bestias, hasta la tortita y una botella de champan francés que trajo Stella.
Contó que se conocieron en Paris, gracias a que Tadeo le había recomendado los puestitos de libros de la orilla izquierda del Sena, se cruzaron, charlaron, se dieron cuenta que ambos hablaban castellano, que ambos eran argentinos y que ambos habían estudiado en exactas. Se enamoraron perdidamente.
Ale dudaba de esto, para él Stella se había encontrado a Sergei en las catacumbas...
Después de tanta comida, Sergei empezaba a cabecear, ale, entonces, aprovechaba para tirarle miguitas de pan para despertarlo
Pero como cada vez se hacía más difícil, empezó a tirarle panes enteros. Cuando ya le iba a tirar con una silla, Toto lo atajó, impidiéndoselo.
-Uh, dice Stella, perdónenlo, Serguei sufre la diferencia horaria. (Y hablándole dulcemente) Mi amor, porque no vas al baño a lavarte la cara.
Serguei, obediente, se levanta a tropezones y se dirige al baño.
Entonces, Stella baja la voz
-Ahora que se fue, podemos hablar tranquilos. Este tipo me tiene podrida, me re equivoqué...
Ale hace una sonrisa de triunfo.
-se me pegó y me seguía a todos lados, no me lo podía sacar de encima. Hasta se vino a Escocia conmigo, cuando fui a visitar a mi amigo Ian.
Pero bueno, ahí nos fuimos a visitar un castillo medieval.
-Claro, dice Tadeo, ahora está de moda toda esa onda medieval con Juego de Tronos.
-Sí y cuando estábamos adentro, Sergei que es muy fogoso, me arrinconó contra una de las paredes del castillo, para besarme, claro.
No va que la pared cede, cae y encontramos un escondite en la piedra, anda a saber la cantidad de años que tenía eso. Había una caja de madera medio podrida.
Y adentro, un libro...
Como somos respetuosos del cuidado del patrimonio, no dijimos nada y nos lo llevamos, cuidando nuestro patrimonio, claro.
Era el diario de un monje templario, que contaba cómo, en el templo del rey Salomón de Jerusalén, habían descubierto el secreto de cómo transformar las cosas en oro sólido.
-Transmutación, grita Alejandro. Que siempre quiso transformar el cobre en carbono y solo había podido transformar el dinero en vino, junto a algunas señoritas... Lo que no es poco, a otros esas señoritas se le transformaban en señores...
-Pero, ¿no había pactos con el demonio, también...?
-Y... un poco sí. Hay que decir unos conjuros de adoración a Baphomet, esa especie de dios malvado que tenían ellos.
Lo que yo quería proponerles es que me ayuden y convertimos el cuerpo de Serguei en oro, como está gordito, nos tocarían un montón de kilos de oro a cada uno. Y encima zafo de Él.
Alejandro se levanta indignado.
-¿Cómo podes decir una cosa así? A una persona no se le hace eso.
Pausa
-Pero a Serguei sí, dale, que te ayudamos.
Toto y Tadeo asienten entusiasmados.
-Bueno, tráiganlo que el somnífero que le puse en la copa, ya le debe de haber hecho efecto del todo.
Stella empezó a sacar hierbas, que debía quemar, una imagen de Baphomet, horrorosa, más fea que la Albinatti.
Con un frasco de sal fue confeccionando, en el piso, una estrella de cinco puntas, sin levantar el trazo.
Trajeron a Serguei y lo pusieron en el centro de la estrella, bah, lo arrojaron allí.
Empezaron los canticos, las alabanzas.
Parecía que la estatua de Baphomet sonreía.
De repente, una luz cegadora y un humo espeso cubrieron todo. Cuando se fue disipando, vemos a Serguei, que despierto, se levanta dentro de la estrella.
-Imbéciles, dice, incultos. Mira que no saber que la estrella de cinco puntas es una figura de protección. Y de protección para el que está adentro.
Vemos entonces, que tanto Stella como Ale, Tadeo y Toto, estaban caídos en el suelo, convertidos en estatuas de oro puro.
-Siempre pasa lo mismo, se creen más inteligentes que uno. Pero ya tuvieron su castigo y yo mi recompensa, gracias Baphomet.
Serguei se movía cómodo, se veía que estaba acostumbrado a la situación, que llevaba años, tal vez siglos o milenios, haciendo este jueguecito.
Cargó las estatuas en la camioneta, bah la de Ale la arrojó luego de patearla.
Pero todos cometemos errores, en lugar de ir por la autopista creyó conveniente cortar camino por la ruta siete, para llegar a su mansión de Cascallares.
Enseguida se arrepintió. La ruta estaba llena de baches y la camioneta se bamboleaba de aquí para allá.
Las estatuas, puestas medio inestables, mal acomodadas sobre todo la de Ale, que quedó arriba de todo y que golpeaba con su cabeza en la puerta, a cada golpe de pozo.
Hasta que en uno especialmente profundo, el bandazo fue tan grande que las estatuas abrieron las puertas cayendo en el pavimento. Serguei, espantado, creyendo que lo iban a denunciar por tirar basura en la calle, huyó raudamente.
El conjuro, demasiado reciente, todavía no había penetrado mucho y la capa de oro era exterior, por lo que se quebró con el golpe, dejando libre a todos ellos, quedaron atontados, mirándose sin entender, como en una clase de Algebra...
El taxi de vuelta a la casa de Ale, les costó más caro que lo que sacaron vendiendo el oro...
Encerrado en su dolor
Alejandro quedó muy afectado por tantos contratiempos, hasta pensó que era su culpa por todo lo mal que la pasaban él y sus amigos. En el bar El pingüino no podían creer que alguien tomara tanto...
Hasta fue al médico y el psicólogo.
Ambos coincidieron, pero una junta médica de la obra social, impidió que lo dejaran internado y tiraran la llave.
Pero entonces le exigieron que aumentara el ejercicio para ver si así oxigenaba el cerebro. Es cierto que tanto comer asado para engordar a Tadeo le había hecho subir diez kilos de peso.
Decidió, entonces, volver a nadar como antes.
Desde que, en la cuarentena, habían cerrado la pileta del club, se había aficionado a nadar en Cascallares.
Allí estaba nadando, disfrutando de las aguas cristalinas, hasta que vio algo que brillaba en el fondo del río.
Tomo aire y se sumergió para agarrarlo.
Se dio cuenta que era una parte de un espejo y que tenía grabado e nombre Mary.
Recordó que de niño, había una mujer que frecuentaba los mismos bares que él, siempre pidiendo lo mismo, el trago Bloddy Mary.
Años después, se había enterado que era la llamada Bloddy Mary de Cascallares, una curandera que hacía mucho bien entre la gente humilde de la zona que no tenía dinero para pagarle a los médicos.
La denominaban también como la Madre Teresa del Congo urbano.
No tenía idea de que había pasado con ella...
¿Sería de ella ese trozo de espejo?
Qué raro, pensó, era como si el espejo reflejara sólo una parte de la realidad, como si al ser parte de un espejo más grande solo reflejaba el trozo que le correspondía en gran espejo del que había sido parte...
Encima, en el borde era como que aparecía algo que se asomaba. Inmediatamente, casi sin siquiera secarse, se cruzó a la estación de servicio donde iba siempre al baño.
Después de hacer lo que siempre hacía allí, puso el espejo apoyado en el espejo más grande del baño.
Allí se vio reflejado con cara de incredulidad.
Y desde el borde del espejo empezó a formarse una figura femenina.
Ale miró a todos lados pero estaba solo.
En cambio en el espejo había una mujer, que iba ocupando todo el reflejo.
Era una mujer mayor, de cara muy bondadosa y cabello blanco. Ale la reconoció como aquella mujer de su infancia.
La imagen habló
-Decilo, vos sabes...
Ale no dudó, estaba muy necesitado y ella podía ayudarlo, está seguro.
Y dijo
-Bloddy Mary, Bloddy Mary, Bloddy Mary,
Las tres veces de rigor...
Meses después, con la excusa de un feriado, invitó a Tadeo y Toto a comer un asado.
Hacía mucho tiempo que no se veían, ellos se sorprendieron con el buen estado físico de Alejandro, se lo veía delgado, bronceado y hasta parecía que le había crecido cabello.
Además, sus ojos tenían una chispa de vida que no le veían hacía mucho tiempo, tal vez desde que le tiró talco en la cara a su hermanito bebé o cuando cursaba con la Albinatti.
Toto y Tadeo, que con tantos problemas que pasaron empezaron a llamarse como en rock and roll, TnT, querían comer temprano e irse de día. Tenían miedo...
Es que habían ocurrido varios asesinatos y desapariciones en la zona de Cascallares, sobre todo en baños de las estaciones de tren y estaciones de servicio.
Ale no le daba importancia, decía que eran cosas que siempre pasaban en la zona.
Entonces la conversación fluía y sumaban un brindis tras otro, hacía mucho que no se veían y se extrañaban.
En un momento Ale, como si recordara algo de repente, dice
-Ah, no les mostré como arreglé el cuartito de herramientas, me voy a hacer un laboratorio nuevo, vengan a verlo.
Entraron los tres, medio tambaleándose por tanto festejo.
-¿Che, y el laboratorio? Dice Toto
Sí, es que no había laboratorio, era sólo un cuarto vacío.
Pero que en las otras tres paredes, tenía tres espejos enormes del piso al techo.
Lo miraron a Ale, extrañados.
Y se dieron cuenta que el Ale del espejo les hacía señas y les decía que se escaparan, mientras que el real, ¿real?, estaba callado
-Uy, que tonta, me olvido qu3e es muy fuerte y no quiere repetir mis gestos.
-¿Quién sos? Preguntan a dúo.
-Tendrían que haberlo adivinado, soy la hechicera Bloddy Mary. El me convocó para que lo ayudara
-¿Que? Dicen ellos sin poder creerlo.
-Sí, yo era una curandera que ayudaba a todo el mundo pero una vez trajeron a un chico desahuciado. No pude ayudarlo, ya era demasiado tarde.
Los padres me culparon de la muerte del chico.
Yo no lo sabía pero había mucha envidia en mi contra. Una noche los vecinos asaltaron mi casa, yo está rezando con mis dos amigas y ayudantas.
Nos arrastraron a la vera del río Cascallares.
Nos golpearon salvajemente, el odio iba creciendo. No hacían caso de nuestros llantos ni gritos de dolor.
Armaron una hoguera y nos arrojaron a ella.
Ellos sonreían...
Al paso de los años, hemos ido vengándonos de ellos y sus familias.
Hasta que gracia a Alejandro y a su dolor, tuve la fuerza suficiente para volver a la realidad.
Y ahora, dice mientras en los otros dos espejos aparecen dos mujeres.
Tengo las fuerzas, gracias a los asesinatos y la sangre derramada, para traer también a mis dos amigas.
TnT corren desesperados hacía ella, hacia la puerta pero chocan contra la pared de vidrio...
Ya era tarde.
Estaban del otro lado del espejo...
Vieron sus imágenes que salían de la habitación, aunque a veces aparecían superpuestas las imágenes de las tres amigas.
Y allí están todavía los tres amigos, charlando y esperando hasta que algún crédulo diga
-Bloddy Mary, Bloddy Mary, Bloddy Mary,
Como vos hiciste ahora, para poder volver a este mundo.
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Tanta pérdida
Que no quede rastro
Que se me olvide pronto.
No merezco tu recuerdo,
No merezco tanta pena.
Arrojen mis cenizas al río.
Al de la Plata
O al Duero.
Por favor no tarden.
Que mis cenizas se mezclen
Con la tibia arena,
De una playa lejana.
O se pierdan entre las calles de Praga,
Arrastradas por los suspiros,
de alguna pareja enamorada.
O sean devoradas por la vegetación
En las de Angkor Vat.
Quiero que se me olvide pronto
A mí,
Que no te he olvidado...
Ya no...
Ya no me queda mucho tiempo
Y será una lástima
Haber descubierto demasiado tarde
Que te amaba tanto.
El tiempo pasa
Y vos
Te vas desangrando tan rápido...
Vida tranquila.
Vivo una vida tranquila, pacífica. Labro la tierra y amo a mi mujer.
De noche sueño y sueño.
Sueño tantos crímenes y tan vívidos que ya no sé si es él, tan cruel asesino, o yo quien sueña al otro...
Una noche de sueño más
Poder dormir sin pensar
Como antes, como cuando me querías.
Dormir así.
Con mi cabeza apoyada en tus pechos.
Pero ahora...
Ya empezas a oler mal.
Tu recuerdo
Y tu recuerdo me hace daño.
Largas son las noches, con tanto insomnio.
Tener tus cenizas, en la repisa de mi cuarto, no ayuda.
Tranquilo
Vivo tranquilo, aunque sean mis últimos días, porque sé que en el infierno me reencontraré con todos mis amigos.
Más negro que un beso negro
Esa tarde Haydee llega toda agitada a la casa que compartía con Brian.
-Es hoy, dice medio a los gritos
-¿Qué pasa, hoy? Pregunta él
-Tenemos que aprovechar, en Induser está la plata.
-Pará, pará, la plata de los sueldos de Induser no es tanta, para que vamos a ir a robar ahí.
Además pagan por medio del banco, que decís
-No, no, está ahí la plata de futboleros...
-Uy, eso sí es guita grande, pero explícame bien.
-Sí, tenes razón. Viste que yo limpio en Induser y como esos negreros no me dejan fumar adentro, me suelo escapar al cuartito donde guardan el éter, ahí no va nadie y fumo tranquila. Además los vapores me dejan recontenta.
Hoy, Marcelo y Gabriel entran sigilosamente, yo, asustada, me escondí detrás de unas cajas.
Y ahí los oí hablar de que iban a traer la plata de los premios de Futboleros y también las de las coimas, que era más plata incluso, para repartir.
-Claro, como todo eso es en negro, no lo pueden llevar al banco.
-eso.
-Pero, no era que le habían dado como parte de las coimas al Ceo, la caja fuerte. Así él guardaba sus ganancias en vez de tener que ir a enterrarlas en el sur.
-Sí, tenes razón, de eso precisamente hablaban, que habían hecho soldar las carcasas de los HPLC para armar una caja nueva. Y pensaban guardarla en la sala del éter para mayor seguridad.
-Y nosotros sabemos entrar, ya robamos otras veces, sin que se enteraran.
-Hoy nos convertimos en héroes.
Esa noche, todos vestidos de negro, sombras entre las sombras, porque esa era la noche más oscura del año, la noche del solsticio.
Lo único de color era el tatuaje negro y amarillo del escudito de Almirante Brown que tenía Brian tatuado en el brazo.
Sigilosamente, van penetrando en el laboratorio. Caminan despacio y casi sin ruidos, casi como un hincha de river en día de partido.
Despacio, fuerzan la puerta del depósito de éter y entran.
Pero se prenden las luces y los atacan por detrás, para ellos, se apagan las luces...
Despiertan y están en una sala excavada en la piedra, sala que no conocían. Las paredes estaban repletas de símbolos extraños y diabólicos.
Marcelo y Gabriel tenían unas túnicas de colores casi fosforescentes, llenos de letras extrañas y dibujos cabalísticos.
Estaban cantando una letanía llena de nombres de dioses antiguos y olvidados horrores.
No nombraban mucho a Cthulu por ser demasiado bondadoso para tanta maldad...
Gabriel y Marcelo bailan y blasfeman.
Marcelo les dice gracias por venir, cada tanto tenemos que hacer un sacrificio a Baphomet, nuestro dios mayor.
A él, le debemos todo esto, o pensabas que el laboratorio se hizo trabajando. Cero meritocracia por acá.
Levanta el cuchillo de obsidiana, negro como la noche, con más símbolos que estrella hay en el cielo.
Y lo clava en el pecho de Haydee
-Eso sí, me voy a comer tu corazón pero de perverso, nomas...
El paso de mi tiempo
Nos cuesta tomar conciencia del paso del tiempo. En nosotros en quienes nos rodean.
El tiempo corre más que nosotros...
Pensé que seguíamos siendo quinceañeros como cuando nos conocimos
Y hoy, veo las arrugas de tus manos, profundas, marcadas.
Manos que aferran, temblando, el cuchillo que clavaste en mi pecho...
Comida preferida
Que te gusta comer, te pregunté, la primera noche juntos.
¿Comida china, italiana o las milanesas tal vez?
Dale, decime.
Así te saco la mordaza y comemos juntos.
De madera
-Marcelo, mirá lo que me trajo el Toto...
-Un pedazo de madera, ¿Que pasó, se cortó?
-Ja, ja, se ríe Charly Somoza, no, es un pedazo de Gru, de los guardianes de la galaxia...
-¿No, lo decís de verdad?
-No, bolas, quería que lo datáramos, ver de cuando es, por carbono catorce o así.
-Ah, suspira, y le podes hacer otros estudios también.
-Sí, pero se los cobramos.
-Che, es un amigo, como le vas a cobrar el precio de lista, cobrale el doble... ¿Y de que es esa astilla?
-No sé, no me dijo, pero es muy antigua, a los chicos del laboratorio les hacía acordar de Juego de Tronos. Te digo que por lo menos es de la época de la edad media, del rey Arturo o así. Lo quiero llamar a Toto y no me contesta el teléfono.
Entonces, Marcelo saca su celular y marca el número de Toto.
-Sí, cierto, no contesta. Qué raro. A ver intenta vos.
No, no pasa nada. A ver si le pasó algo. Vení, vamos hasta la casa.
Y allá van, disfrutando de las calles del gran buenos aires.
Al llegar, ven que el lugar esta llenó de policías y ambulancias.
Cuando consiguen entrar en la casa de Toto, ven que lo están reanimando...
-Sí, sí, dice Toto con un hilo de voz, ya estoy bien.
Pero se lo veía muy desmejorado.
-¿Qué pasó? Le preguntan Marcelo y Charly.
-Ahora les explico... esperen...
Se hace el silencio, una vez que los policías y los enfermeros salen de la casa.
Toto suspira, aliviado.
-Dale, contá lo que pasó, que hacías con una astilla de la edad media y porque estabas desmayado.
-Es largo, dice Toto mientras lo0s invita a sentarse, déjenme que empiece por el principio.
Resulta que conocí una chica, bah, una señora cuarentona pensé, hermosa, con el pelo largo y rubio lleno de rulos y con unos ojos casi violetas.
Ah, y un cuerpo, ni te cuento lo que era ese cuerpo.
-Lástima que era ciega, digo, si le gustaste, dice Charly.
-Sabes que lo pensé. Algo quería de mí, eso es evidente, era demasiado linda. Se llamaba Guinivere.
-Justo, como la reina Ginebra del rey Arturo, que casualidad.
-Pero bueno, sigue Toto, empezamos a vernos. Iba viendo que ella tenía mucho dinero por eso usaba ropa cara y cuando íbamos a lugares caros a comer pagaba ella sin pensarlo.
Y en un momento, me pidió que le vendiera una joya, habló de un mal divorcio, de la necesidad de efectivo, que no quería que la vieran. Otra vez fue una moneda de oro, después un cuadro.
Empecé a sospechar que eran falsificaciones y me usaba para pasarlas.
Y un día me dice que tiene la mesa del rey Arturo.
-¿La tabla redonda, la de los cuentos? Preguntan a dúo Marcelo y Charly.
-eso mismo, yo no le creí, nadie habló nunca de que existiera realmente.
Ahí me confesó todo.
Era la verdadera reina Ginebra, Guinivere, la esposa del rey Arturo, la original, la única.
Decía que la mesa le había traído la inmortalidad, pero que estaba cansada, que se había enamorado de mí y que quería envejecer a mi lado. Obvio que no le creí una palabra, imagínense.
Por eso cuando me la trajo, le saqué una astilla de la parte de abajo y te la mandé a analizar.
-Pero es verdadera, le dice Charly, vale una fortuna sólo como antigüedad.
-¿Si? Y yo que no le creía, hasta anoche.
-¿Qué pasó? Dice Marce.
- De repente, no sé cómo entró, un tipo grandote, pelo largo y barba, se me aparece frent3e a la mesa.
¡Y saca una espada enorme!
-Juego de Tronos, te dije.
-Claro, una de esas espadas que nosotros ni podríamos levantar, me empieza a insultar, a tratarme como a un tal Lancelot o que me había tirado un lance con su esposa, no sé.
Me ataca, yo salto hacia atrás sorprendido, cagado en las patas.
Agarro un candelabro y paro los ataques de la espada, de pura suerte, obvio. Y el chabón dale que te dale con la espadita, rodeándome y golpeando sin pausa.
Me tenía acorralado contra la mesa. Respiró fuerte y me atacó con más fuerza todavía, la espada casi me arrastraba el candelabro. Desesperado la corro con la mano, me corta, empiezo a sangrar. El dolor es terrible, me apoyo en la mesa, manchándola de sangre.
Pero... al volver a mirar mi mano, la herida se había curado sola (les muestra la mano que no tiene ni un rasguño).
Pero entonces me distraje y consiguió golpearme en la cabeza.
Me desmayé...
Recién recupero el sentido, me vio un vecino y llamó al 911. Y llegaron ustedes...
La mesa ya no está, Guinivere no está.
El teléfono está desconectado y ahora sé que todo lo que ella me contó era verdad y es tarde.
Teno miedo de que fuera de verdad Arturo, se la haya llevado y ya no la pueda ver nunca más.
Marcelo y Charly se miraron, incrédulos, diciendo a dúo.
-No hay duda, culpa de la ginebra, mientras hacían gestos de que estaba loco o borracho...
Dame una mano
Tanto amo tus manos.
Tan blancas, tan puras.
Pero en mi sótano, las cadenas las están arruinando.
Yo me acuerdo
Tuve un recuerdo
No sé porqué
Era de antes que nos enamoráramos.
Íbamos en la lancha a una quinta en el Tigre,
Charlábamos...
Allí, hasta intentamos remar,
En un bote medio cochambroso
Que nos habían prestado.
Como te reías.
Recuerdo tanto el sol en tu pelo largo,
Como brillaban tus ojos verdes
Cuando me mirabas.
Y como corrimos
Cuando se largó a llover,
Nos protegimos en los arboles
Esperando hasta que pare...
Pensándolo bien
El recuerdo,
Es de cuando me enamoré de vos
No hagas bandera...
Colecciono banderines.
Sí, desde chiquito junté banderines de los lugares por donde pasaba.
Y cuando fui adolecente, como era jugador de vóley, conseguía el de mis rivales.
Tanto viaje gracias al deporte...
Tengo banderines de Italia, España, Mauna-loa, Arkham, Miskatonic...
Tantos de esos.
Y también empecé a querer otros, de otro tipo.
Si no me aburría.
Y es el tercer banderín solferino que bajo de una pedrada...
¿Cómo entraré a buscarlo?
Con todo
Con agua, con jabón, detergente
Con todo intente y no pude quitar de mis manos el olor de tu piel.
Tanto, pero tanto
Porque me duelen tanto
Los besos que no te di.
Si tuve tantos amores,
En tanto tiempo.
Ya son las tres de la mañana,
Mi reloj bosteza, aburrido.
Y yo en lo único que pienso
Es en ella.
Tantos recuerdos...
Éramos chicos,
Pienso ahora,
Tantas cosas nos faltaban por conocer,
Tantas cosas conocimos juntos.
Tantos besos te di
Y tantos besos que no te di y me duelen
Tanto...
Y si hubiera sido más valiente,
Todavía te estaría besando...
Coleccionar
Soy un coleccionista extraño.
No me dedico ni a estampillas ni monedas, ni siquiera colecciono banderines.
Colecciono cosas menos tangibles...
No raras, no, como aquel que coleccionaba nombres de camiones atmosféricos o boletos de tren para perros...
No, no así.
Todo esto se lo expliqué, alguna vez, a los ojos verdes de aquella mujer.
Y quise convencerla de que me dejara guardar su sonrisa.
No pudo ser.
Pero no me importó... porque también colecciono desamores...
Todo lo daría
Tantas cosas daría por tu amor. Todo. Hasta sacrificaría a Cthulu a mi esposa.
Después del después
Al fin,
Luego de tantos días de cuarentena,
Salgo a caminar por Buenos Aires.
Ya no la reconozco, no la recuerdo.
Busco aquellos lugares románticos,
Aquellos olores...
Veo las flores violetas
Del jacarandá
Y canto mientras van cayendo
Lentas...
Los edificios son más viejos,
Una cariátide me guiña un ojo,
Un forzudo deja caer una lágrima.
Y allá van los obreros,
Allá los escolares
Girando en la canción
Que cantan los neumáticos,
Junto al asfalto gris.
Y gris esta la ciudad,
Grises las caras...
Tristes sin la alegría de volver a salir,
Con la culpa del sobreviviente.
Todo es tan gris,
Encima, no estas a mi lado.
Como ayer
Sueño que soy un chico, limpito y obediente. Hasta bien peinado.
Y no este hombre con las manos manchadas de sangre, que vaga por las calles
Después de una noche
Despierto, no sé dónde estoy.
Estiro mi mano y no estás en la cama...
Oigo ruidos.
Me imagino que están preparando el ritual de sacrificio a Chula, que me ha llegado la hora.
Quiero correr.
Pero no, al ver que me desperté me traes el desayuno a la cama y me besas.
Es que esto de Tinder me pone un poco nervioso...
Búsqueda frenética
Y te busco por todas partes.
Fue un momento de debilidad, no quise matarte ni desparramar tus pedazos por toda la ciudad
Como te extraño tanto te busco en todas partes, tu cara tu rostro.
Pero ya encontré un brazo y seis dedos del pie...
Angkor Vat
Al fin caminábamos por las calles de Angkor Vat, de capital de aquel imperio que estuvo tantos años bajo la selva.
Era, con Nazarena, nuestra luna de miel. Combinábamos historia con playas paradisiacas.
Caminábamos maravillados por los grandes edificios, tan antiguos, las estatus. Los adornos.
No sabíamos que mirar primero, aunque mis ojos siempre terminaban mirándola a ella.
De repente, la tormenta, fuerte, súbita.
¿Sería eso que llaman Monzón?
En segundos estábamos empapados. Corrimos a refugiarnos en uno de los palacios. Nos caíamos todo el tiempo, enredados en las raíces y las losas rotas, pero al fin llegamos.
Riéndonos nos besamos y lentamente caímos al piso, agotados. Consciente o inconscientemente, fui alisando el piso de tierra, algo toque y lo aparte para que no lastimara su espalda.
Luego, me puse a mirar de qué se trataba.
Era una especie de medallón, con lo que parecía un rostro femenino, estaba en muy mal estado pero eso adiviné. Por supuesto hice un montón de aspavientos cuando se lo coloque en el cuello a Nazarena.
Ella le agradecía al pueblo imaginario, que la vivaba.
Al rato, paró la lluvia y seguimos el paseo. Nos llevamos el medallón pensando que era una baratija que algún turista había perdido.
Después las playas y nuestro amor bajo el sol.
Volver a Buenos Aires fue duro, acá los días eran grises pero nos amábamos igual...
Viviríamos en el depto. que nuestros padres nos regalaron.
Ella, Nazarena, es alta, muy simpática, de inmensos ojos verdes, era mejor que yo dando clases y tenía un montón de colegios además de ser ayudante de primera en la facultad y tener alumnos particulares.
Yo más retraído, me refugie en una beca del Conicet. Un poco mosqueado porque ella ganaba más dinero que yo.
La vida fluía lenta, mientras íbamos conociendo las pequeñas manías del otro.
Y amándonos...
Encima era como que su apetito sexual se hubiera despertado, el sexo era mucho mejor, sus habilidades en la cama crecían día a día. Empecé a sospechar algo raro, cuando al limpiar la habitación, en un cajón de ella encontré un montón de dinero y joyas.
Suspiré sorprendido, sume dos más dos. Dinero y habilidades en la cama, sospeché que Nazarena se había hecho prostituta...
Pensé en plantearle todo, echarla de casa, engañado como me sentía...
Pero, pensándolo bien, yo no podía vivir sin ella. Me tragaría mi orgullo y no le diría nada. Alguna vez me lo confesaría y terminaríamos riéndonos.
Esa noche me dolió la cabeza...
Para aquella época, ella daba clases en una nocturna, lo sé porque averigüe... tenía miedo que se fuera al cabarute... pero era cierto.
Yo la iba a buscar a la parada del colectivo porque la dejaba del otro lado del parque y de noche era muy oscuro.
Encima hubo una serie de asesinatos y de mujeres desaparecidas, así que los dos teníamos miedo.
Aquella noche era la del solsticio, así que cuando volvíamos juntos y abrazados, vimos un montón de gente en el parque.
Al acercarnos, veo que todas eran mujeres, muy hippies con sus túnicas y cabellos largos.
Festejando el solsticio, pensé.
Nos rodearon, yo me asuste pero Nazarena estaba tranquila. Nos dijeron
-No, no temas, la Diosa te ama.
Yo pensé en que eran mormones pero eso de la Diosa no me sonaba.
Traté de resistirme pero me tomaron de los brazos, delicada pero firmemente. Miré a Nazarena con cara de pánico.
Pero ella seguía calmada, fijó sus ojos en mí y vi tanto amor, tanta dulzura en esos ojos verdes que me tranquilicé. O tal vez me hayan hipnotizado. Ahora notaba que el medallón, que no se quitaba nunca desde la luna de miel, brillaba con un brillo extraño en la noche.
Caminamos con paso rápido, el solsticio estaba próximo, dijo Nazarena y yo comprendí que ella era la jefa de ese ejército femenino.
Esas mujeres tenían algo mecánico en su andar, además parecían tener los ojos extraviados como si vieran otras cosas además de la realidad...
Llegamos a un claro entre los árboles, con un altar en el centro. Grandes antorchas lo rodeaban, el humo era asfixiante, a saber que sustancias alucinógenas tendrían.
Empecé a marearme, el perfume de Nazarena, que ahora notaba, no ayudaba sino que profundizaba mi malestar. Empezaron los cánticos con palabras oscuras y guturales.
Yo estaba resignado a que me pusieran en el altar para sacrificarme. No sabía como pero entendía que gracias a ese sacrificio, sumado a toda la sangre que ya habían derramado, que Nazarena había derramado la diosa dominaría el mundo, como ya lo había dominado hace tantos años atrás...
Me tensé, me revolví asustado.
Pero Nazarena pudo calmarme con sus palabras
-No, me dijo, vos tenes otro papel no serás el sacrificado.
Y entonces trajeron otra chica, vestida con una túnica roja brillante, llena de dibujos en algo como hilos de oro formando frases, paisajes extraños y mágicos. Y el rostro de la Diosa, que ahora se veía claramente en el medallón del cuello de mi mujer.
La ataron al altar.
-Y vos, dijo Naza, serás el encargado del sacrificio. Gracias a su muerte la Diosa regresará y seremos vos y yo, los reyes del mundo.
Supe entonces que ya no era ella, que era la Diosa la que hablaba y que con ese sacrificio se iría Naza para siempre...
Por un momento me tentó la idea. Me prometía amor y sexo sin límites.
Las muchachas intensificaron sus cantos, dos de ellas trajeron en un cofre, un cuchillo negro de obsidiana.
Se lo veía muy antiguo, desgastado por el uso, manchado con innumerables rastros de sangre.
Lo pusieron en mis manos y me acercaron al altar, yo las seguía titubeante.
El olor de las antorchas era más fuerte, los gritos tapaban el silencio de la noche
La chica en el altar, sonreía como agradecida de ser sacrificada a un ser tan poderoso como la Diosa.
Yo cada vez me sentía peor, con tanta musiquita y tanto humo irrespirable. No podía pensar.
La mirada de Nazarena me prometía un mundo perfecto.
Yo sentía que cada vez la amaba más.
Supe que lo haría, que clavaría el cuchillo en ese pecho adolecente, que mis manos, pronto, tomarían ese corazón palpitante, ofreciéndolo en sacrificio para que la Diosa, mi amor, dominara el mundo.
Naza me apuraba, ya llegaba la hora del solsticio.
Levanté el cuchillo, la luna se reflejó, fría, en él.
Ya lo bajaba hacía el altar, hacia el pecho anhelante...
Pero tuve un segundo de duda...
Giré y dirigí el cuchillo al pecho de Nazarena, que gritó aterrada.
Terminaría con ella, con la Diosa, que me había robado a mi Nazarena.
Ya empecé a llorar antes de clavarle el cuchillo.
Y de casualidad o un Dios bondadoso, hizo que el cuchillo chocara con el medallón, partiéndolo en mil pedazos pero sin dañar a Nazarena, que cayó desmayada.
El solsticio había pasado.
Las muchachas volvían en sí, extrañadas de verse así, en ese lugar desconocido, ridículas en esas túnicas.
Yo tomé el medallón en pedazos, sabiendo que algún día volvería a Angkor Vat para enterrarlo para toda la eternidad.
Nazarena, yo, volvimos a nuestra normalidad, pero por desgracia ella había perdido sus extraordinarias habilidades en la cama...
Que llueva, que llueva...
La tormenta seguía, solo veíamos con claridad a la luz de los relámpagos. El viento agitaba las ramas de los árboles, cada tanto se oía el crash de alguna que se rompía y caía. La noche era demasiado desapacible.
-Esa era la última bolsa.
Me dice el capataz, estábamos bloqueando el camino con bolsas de arena, las tormentas continuaban, el río estaba desbordado y amenazaba con inundar todo el pueblo.
Yo era ingeniero y el encargado de proteger todo un poco.
-Las bolsas aguantan, ya no pasa el agua.
-Sí, dije, pero si la tormenta sigue terminara por sobrepasarlas, por suerte esta es una zona desolada.
-Pero uno de los obreros dice que vio una luz en una casa en la Olla, ¿quiere que vaya a avisar? Se ofreció el capataz.
-No, no se preocupe, voy yo, ustedes vayan a descansar que seguramente mañana tendremos que seguir.
Me dirigí a donde había dicho el obrero, no conocía esa zona, me sorprendió el ver que tenía razón con lo de la Olla, el terreno descendía en forma notable, ¿Habría sido una cantera? ¿O tal vez un meteorito cayó allí y es un cráter? Y es que parecía...
Había una casa en el centro, una luz mortecina brillaba en una ventana, milagro porque las redes se caían a cada rato.
Golpee, grité pero nadie atendió.
La puerta estaba sin llave así que entré por si había alguien que no me escuchara o no pudiera hablar.
De repente, un tipo que salió de la nada me atacó en la oscuridad, forcejeamos un momento. Yo estaba cansado, un poco harto, así que le amague con la izquierda y le pegué con la derecha, con tanta fuerza que cayó rodando desmayado.
No era muy fuerte, además se lo veía ojeroso y demacrado, como agotado por algo.
Lo miré dos veces, maldiciendo mi fuerza física al reconocerlo.
Era Jeremías Agüero, lo conocía de la época de la facultad, había empezado a estudiar ingeniería pero lo suyo era el dibujo, así que terminó dejando la carrera.
Vi que la habitación era el taller de un escultor, se ve que además de dibujar, se veían un montón de croquis en las paredes, se había dedicado a esculpir.
Y en el centro de la habitación, medio en penumbras, la estatua de una mujer. Era tan perfecta que tuve que tocarla y arrancarle un trocito de la arcilla con la que estaba hecha para aceptar que no era una mujer verdadera.
En ese momento, la luz se hizo más brillante, se ve que la cuadrilla estaba arreglando la red eléctrica.
Y quedé sorprendido.
Yo la conocía también, Rita Corietto, otra chica de la facultad. La más hermosa de todas ellas, tenía los ojos verdes impresionantes, un pelo ondulado que usaba con una media melena, color castaño rojizo.
Y un cuerpo...
En realidad noté que la estatua tenía el pecho más relleno que la Rita verdadera, que tenía las tetas chiquitas.
Versión corregida y mejorada, sobre todo con esos labios tan pintados de rojo y las pestañas extra largas.
Con más luz veo que un bulto que estaba tirado en un rincón se mueve.
Malditos roedores, pienso, con tanta lluvia todo estaba infestado de ratones, víboras y otras sabandijas.
Pero no, era una mujer, atada y amordazada que quería gritar.
Rita, me dije y corrí a desatarla.
Cuando consiguió recuperarse me contó toda la historia.
Resulta que Jeremías estaba enamorado de ella, a mí eso no me extrañaba... todos estábamos enamorados de ella.
Pero él no aceptaba que ella no lo amara.
Con el paso de los años se fue obsesionando más y más con ella.
Jeremías se había convertido en un escultor famoso y cotizado. Recientemente había ganado una beca de la fundación Abdul Alhazred, una fundación dedicada al estudio de las artes oscuras y las religiones antiguas y olvidadas. Se había hecho famosa por haber obtenido una partida de arcilla proveniente de una isla del pacifico sur, que había emergido en años recientes, después de haber estado sumergida por millones de años. La isla era llamada R’lyeh.
Un escalofrío recorrió mi espalda al escuchar ese nombre...
Para trabajar con esa arcilla, en un proyecto secreto, es que habían hecho el concurso que Jeremías había ganado.
Y allí estaba el resultado, me dijo.
-La estatua tuya, afirmé.
-No, se rió, ojala, está en la otra habitación.
Corrí hacía allá, sin hacer caso de los gritos de ella pidiéndome que no lo hiciera.
Abrí la puerta...
Era una sala enorme.
Pero estaba casi completamente llena de un ser monstruoso, lleno de tentáculos que se movían lentamente.
Mi cordura empezó a fallar, el olor marino era putrefacto.
Por suerte se lo veía como dormido o anestesiado, así que no me vio.
-Cthulu, pensé, o grité, no sé.
Ella llegó a mi lado y cerró la puerta de golpe.
-No es el verdadero, es la representación de él en la arcilla de R’lyeh. Pero parece que gracias a las plegarias y los canticos extraídos del Necronomicón, esa arcilla crea seres vivos. Por suerte todavía no pudieron completar los conjuros.
Jeremías creo que enloqueció, por eso me rapto, harto de que le dijera que no. Por eso quitó un tentáculo de Cthulu y con esa arcilla construyó otra Rita, una que se enamorara de él, vos viste que ya casi tiene vida, en un par de días sería funcional. Y creo que, entonces, Jeremías me hubiera matado para que ella tome mi lugar.
Horrorizado por tanta locura, la llevé de la rastra hasta la barrera de bolsas de arena.
Empecé a quitarlas, la lluvia había aumentado y las aguas ya casi la rebalsaban, con unas pocas que quité ya la correntada me arrastró y casi me ahoga.
El agua, harta de estar contenida, corrió ladera abajo, arrastrando la casa de Jeremías y, confiaba, desmenuzando el Cthulu de arcilla.
Lo lamentaba por la Rita falsa, tal vez a ella si la hubiera conseguido convencer de que me amara...
Pájaros al atardecer
Desde que me mude a esta ciudad,
Suelo pasear todas las tardes por este parque.
Allí, al atardecer,
Hay una bandada de pájaros,
No sé si gorriones o cuervos,
Que levanta vuelo todos los días
Y danzan
De aquí para allá.
Bailan una música invisible,
Con giros, quiebres,
A veces se elevan alto, tan alto...
Y caen en picada,
Casi hasta mí.
Parecen sonreír en la tenue luz del crepúsculo.
Llueve o truene,
O con el viento en contra.
Hasta aquellos pájaros
Que ya tienen las alas marchitas
Y parecen titubear en cada golpe de viento.
Bailan y danzan.
Danzan y bailan...
Yo,
Que ya estoy en el atardecer de mi vida,
Me siento como todos esos pájaros,
Que luchan en vano
Tratando de atrapar
Un sol que se nos escapa...
El abuelo y Borges
Hoy, por fin vería a mi novia Vanina, hacía días que no pude verla, poco menos que desde el velorio de su abuelo, un poco porque yo estaba con exámenes y ella estaba ocupándose de las cosas del abuelo, de su casa, después de su muerte.
Pobre abuelo, que pena me dio cuando murió. Era un tipo chiquito, encogido por los muchos años, pero siempre jodon y con una sonrisa bajo su nariz afilada.
Era bibliotecario y había trabajado en la biblioteca nacional en la época de Borges, contaba que le cambiaba las cosas de lugar y como el tipo no veía se confundía todo el tiempo, el abuelo se cagaba de risa. Que H de P.
Pero lo admiraba muchísimo, creo que yo me leí todas las obras de Borges p0r lo que me recomendaba y por lo bien que hablaba de él.
Lástima que el pobre fue perdiendo la cabeza, en los últimos tiempos se la pasaba diciendo que seres extraños lo perseguían...
Vanina, encima, se había reencontrado en el velorio, con Julieta una amiga de la infancia, por suerte para mí ella le estaba ayudando con la limpieza ya que yo no podía.
Nos juntábamos en la casa del abuelo, dijo que me tenía que decir algo importante un. Al ver a Julieta, tan distinta de Vanina que es alta y rubia, con unos dientes blanquísimos, mi valquiria le decía yo. Julieta era bajita gordita, de pelo negro, pero eso si con unos ojos negros muy hermosos.
Al verlas juntas pensé, me imaginé, con que Vanina me iba a proponer un trío, que eso era lo importante que tenía que decirme. Tal vez porque Julieta me saludo con un beso pero me lo dio cerquita de la boca, en la comisura.
Las seguí esperanzado por el camino que llevaba al dormitorio.
Pero ellas giraron antes, entrando en la biblioteca.
Ufa...
Igual la biblioteca era digna de verse, una habitación enorme, de techos altísimos, toda repleta de libros del piso al techo, hasta tenía de esas escaleras móviles para llegar a los de arriba. Yo sabía, el abuelo me los había mostrado, que tenía primeras ediciones y libros muy antiguos.
Pero ellas se dirigieron al escritorio del viejo, también enorme, de esas maderas oscuras con su tintero antiguo y su pisa papel grande y deformado. El viejo decía que era un meteorito que le había regalado Borges, que tenía una energía impresionante porque era un Aleph, el punto central del universo, desde donde se ve el presente y el futuro de todos.
Obvio que para mí solo era una piedra rara, nunca vi nada.
Vanina y Julieta tomaron algunas hojas de las muchas que cubrían el escritorio. Vi también que había otras por el piso, incluso.
Explicaron que hay una leyenda urbana que decía que en la Biblioteca nacional había un ejemplar del Necronomicón, que Borges, incluso, lo había agregado en los catálogos.
Y lo había hecho porque tal ejemplar existía en realidad. Yo no podía creerlo...
Era la versión latina, la de Virgilius de Parma, tal vez la más terrible de todas.
Borges, erudito del latín como era, se empezó a tomar el trabajo de traducirlo al castellano y el abuelo era el que lo ayudaba, el que escribía a mano la traducción.
Yo estaba aturdido, para mí toda esa sanata de dioses antiguos y seres fabulosos eran una fábula.
Quise sentarme, había empezado a marearme con las consecuencias de ese descubrimiento.
Ahí, empecé a notar que la luz de la sala estaba demasiado mortecina, recuerdo al abuelo insistiendo que para leer había que tener mucha luz.
Y cada vez parpadeaba más.
Encima había demasiadas sombras en los rincones, como palpitantes...
Sacudí la cabeza
Y en el movimiento brusco, creí ver seres que se escurrían por las paredes, ¿Ratones? ¿Cucarachas? Pero al fijar la vista ya no vi nada.
Empecé a revisar los papeles para ver si era cierto lo que decían.
Vanina me advirtió que hablaban de cosas demasiado terribles, que por eso no se habían atrevido a publicarlo.
Es más, creí entender, que por culpa del Necronomicon, Borges había perdido la vista.
Solté los papeles, un sudor frío me recorría la piel.
Pero Julieta dijo que todas tonterías, seguramente era una novela de terror que escribía el abuelo.
Eso sí que era sensato, miré a Vanina pero ella todavía dudaba.
-Oh, que miedosos, ¿Quién va a venir, el cuco? Nos retó ella.
Quise sonreír pero el miedo me duraba todavía.
No nos dimos cuenta pero Julieta buscaba entre las hojas, como si necesitara encontrar algo en especial.
De repente dio un grito de triunfo y su semblante se transformó.
Y fue como si las sombras se intensificaran, junto a un mayor ruido de cosas que corrían por detrás de las paredes, ¿ratas de nuevo? No, esto parecía tener mucho más que cuatro patas.
Empezó a leer en voz alta con voz cavernosa, segura, calmada.
Comprendí que no era la primera vez que decía palabras similares
Ph´nglui mglwinafh
Cthulu
R´lyeh anwg fhtagn
wgah´nagl fhtagn
Cthulu
Mynngah
Un olor profundo me alcanzó como un ramalazo. Algo estaba podrido desde hacía demasiado tiempo, algo marino, algo demasiado grande y antiguo.
Desde los rincones empezó a crecer la oscuridad, a rodearnos.
Oscura, compacta, pegajosa...
Julieta seguía leyendo, cada vez más a los gritos, disfrutando de nuestro horror. Se empezaron a ver algo así como tentáculos de oscuridad que brotaban hacia afuera o tal vez eran de un ser un ser fabuloso que pugnaba por entrar en nuestra dimensión.
Y que gracias a las palabras del Necronomicón, que Julieta leía, lo conseguiría.
Vanina estaba como congelada bajo el influjo de su amiga.
Me di cuenta que nos habían tendido una trampa, ya no creía que ella fuera una amiga de la infancia, tal vez ni siquiera era humana sino un truco de los poderes oscuros para volver a dominar la Tierra.
Noté una somnolencia que me invadía, paralizando mis músculos, la oscuridad me invadía, dentro y fuera de mi cabeza.
No podría detenerla, podría leer todos los conjuros que quisiera que yo no podría moverme.
Me apoyé en el escritorio, ya casi resignado.
Y la vi, tomé el pisapapeles de Borges, rezando por tener fuerzas suficientes que el abuelo y que Borges mismo guiaran mi mano
Y se lo arrojé a Julieta...
Le pegó en la frente, desmayándola.
Una especie de baba verdosa salía de la herida, en lugar de sangre. Había acertado, algo que no era humano la había reemplazado para engañar a Vanina.
Tomé la hoja que había leído en voz alta, era algo demasiado horroroso, la humanidad no estaba preparada para escucharlo y la arroje en la oscuridad, hecha una pelota.
La oscuridad se la tragó, retrocediendo, entonces.
Y luego, Vanina, con un grito de bronca, arrojó el cuerpo de eso que llamábamos Julieta.
Sin el conjuro final, ese que habíamos impedido, la oscuridad se fue disolviendo, junto con el cuerpo de Julieta.
Por el Botánico
Camino, siempre camino,
Todos los días, obsesivamente,
Camino.
Voy por Palermo
Y especialmente por la soledad del Botánico.
Disfruto, en esta época, de los celestes de las flores del jacarandá.
Paseo entre los arboles silenciosos.
El color de sus hojas
Me recuerda a tus ojos verdes
Y las espinas de las rosas,
Tu mal carácter...
A veces,
La lluvia, que lava la ciudad,
Lava mis pensamientos
Y no son tan oscuros
Otras...
El sol entibia mi piel
Y yo sueño que son tus manos.
Camino
Y camino...
Camino para olvidar que estoy enamorado.
Solo recuerdo
Sólo recuerdo mis errores, solo los malos momentos.
¿Pero tuve buenos momentos?
Mi madre prostituta, mi padre, ladrón de tumbas. Mi hermano era Jack el destripador...
Al final, los días mas tranquilos de mi vida son los que pasé en la carcel
Donde va la señora Miel cuando llueve
Ya habían terminado de servir la merienda de los chicos y la señora Miel, a quien la lluvia ponía nostálgica, pensó en ir a la librería a buscar algún libro nuevo y de paso caminar por la avenida Santa Fe, aprovechando que no habría mucha gente.
Caminaba y pensaba, mirando vidrieras, pensando en aquellos años cuando Santa Fe era Santa Fe y no esta tan descafeinada.
Pensó en novios, caminatas, el cine y después comer pizza.
Claro que ella pensaba en un mundo idílico, olvidándose de cosas más promiscuas, esas que pensaría su amiga Dorita, la de los besos en la oscuridad del cine, en la amoblada posterior o el hotel, telo o albergue...
Sigamos mejor en el mundo idílico de la señora Miel.
Iba cantando aquella vieja canción, bajo la lluvia, un día de paseo en santa fe, no le hace mal a nadie ya lo sé...
Llegó a la librería, al viejo cine Gran Splendid, la librería más linda del mundo.
Al entrar, en el kiosco de diarios vio que había habido un nuevo crimen. Siguió su camino meneando la cabeza.
Pensaba comprar varios libros pero estaba todo muy caro, esta última inflación la había pasado por encima.
Se decidió por un libro de cuentos policiales del comisario Jaritos de Petros Markaris, después de estar un rato largo mirando por las estanterías, tantos y tantos libros que ya había leído, pensó con orgullo.
Y tantas películas que había visto en ese cine...
Decidió ir a tomar el té, ya que todavía llovía.
Al salir volvió a mirar los diarios, llevada por la nostalgia del día, pensó en aquellos chicos que vendían en las esquinas, voceando a los gritos las últimas noticias, cuando iba a comprarle la sexta para que su padre leyera después de cenar...
Y en la casa de té, más nostalgia ya que la madre la llevaba muchas tardes. Luego iba con novios o amigas. Si hasta ha venido con el inspector Mosaico a tomar el té.
De nuevo, el té con masas le pareció demasiado caro así que sólo pidió una porción de torta con su té Earl Grey.
Pensar en el inspector, la decidió buscó el celular, ahí también pensó en cuando había que buscar un teléfono público y las monedas o cospeles. Siempre estaban rotos o descompuestos.
Pero bueno, ahora podía llamar al inspector
-¿Cómo estás?, si, salí a caminar aprovechando la lluvia, vine a comprar libros y a tomar el té.
Sí, es esa casa de té, adivinó, con una sachertorte o selva negra más bien.
Oime, estaba pensando en el crimen de este pibe Gancedo.
Si, está en todos los diarios. Me llamó la atención una foto de Crónica, donde sale la sala donde lo encontraron... No, si, es imposible, hoy en día cualquiera saca una foto con el celular.
Se ve que en la mesa hay una botella de absenta, si, el hada verde le dicen, tiene mucha graduación alcohólica.
Me extrañó porque pasado mañana es la maratón solidaria y él solía participar de esas cosas. Sí, siempre se cuidaba.
¿Y el medico ya hizo la autopsia?
Si, ya sé que fue un tiro en la cara, que no fue suicidio pero me preguntaba si tenía moretones, como si lo hubieran empujado y se cayó. Recién ahí, le pegaron el tiro, así de bronca, nomas.
¿Que qué es lo que pienso?
Ya te digo, la botella de absenta o pernod me llama la atención, él no tomaría en esos días, tampoco estaría con la novia, así que ella no es sospechosa, tampoco una minita cualquiera que hubiera conocido...
De esas revistas del corazón, si, leo de esas cosas también, en el merendero siempre hay alguna, y leo el diario por internet además de libros “culturosos” como vos decís. Así sé que tiene un amigo Pelayo Gorielo, que está en la Alianza Francesa, y la absenta es muy francesa, acordate de Baudelaire. Tal vez lo mío es prejuicio, que a Gancedo se lo ve en las fotos, de día, en exposiciones, maratones y a Pelayo siempre rodeado de mujeres y coches deportivos.
Sí, me da la impresión que uno ahorra y el otro gasta demasiado. ¿No podes averiguar si tiene deudas?
Tal vez le fue a pedir plata y como se negó, lo termino empujando y caído le pegó el tiro de gracia...
Dale, después contame. Chaucito
Terminó su té y salió a la lluvia, a disfrutarla gota a gota.
Pensó en que volvería al día siguiente, a buscar libros de oferta por la calle Corrientes. Y sino los leería por internet, alguno de esos autores nórdicos de nombre impronunciable, le gustaban los protagonizados por Sebastián Bergman.
Tal vez ya habría dejado de llover y dejaría la nostalgia atrás.
Decirte
Quiero decirte que te amo,
Tantas cosas quiero decirte
Pero tengo que apurarme, porque te estas desangrando demasiado rápido...
Muchos problemas
Tantos problemas, tantas preocupaciones. Vivir siempre pendiente de tantas cosas.
Por eso el médico me recomendó parar, Tomar unas vacaciones.
Por eso me embarco en este crucero de lujo
El viaje inaugural de un barco llamado Titanic...
Tiempo
Necesito tiempo para olvidarte
Tu perfume todavía persiste en mi almohada.
Pero el tiempo nos olvidará...
Vagabundeando
Vagabundeando, como siempre,
Por la Buenos Aires de primavera,
Con el sol cálido,
En las calles frías.
Cuando la vi,
Caminaba tranquila
Con su largo pelo negro
Y el cielo se transparentaba en sus ojos,
Su cara formaba
Un par de hoyuelos
Que la hacían parecer tan feliz.
No se
Su pelo, sus maneras,
Me hacían acordar a una vieja milonga,
Te acordas, cuando éramos chicos,
Siempre había una guitarra,
Cuanta poesía en aquellas canciones
Que cantábamos tan mal.
Sabes, hoy, siento que a aquellos chicos
Les robaron el futuro
Ese que iba a ser tan luminoso
Y que nunca llegó.
Tantos sueños hoy dormidos.
La miro
Le sonrio
Le digo
¿Vos adoptarías
A este hombre sin futuro?
Antigüedad
No sé cómo podían tener tantos esclavos en las plantaciones, tantas cadenas
Si yo tengo una sola mujer encadenada en el sótano y me llena de problemas
Trabajo forzoso
El silencio en la nave era lo peor.
Iba por la mitad de su segundo periodo de trabajo recién, pero ya está mortalmente aburrido.
La Tierra estaba muriendo, se decidió mandar una expedición a Próxima Centauri, allí habían encontrado un planeta habitable.
Irían los mejores y los más ricos.
Además de ellos, los de mantenimiento. Ni muy lindos ni muy inteligentes pero fundamentales par a el trabajo.
Los pasajeros, la tripulación de la nave, comandada por el famoso capitán Almandoz, iban en éxtasis, en capsulas criogenizadas.
En cambio, ellos los de mantenimientos, cumplían quince periodos de quince meses de trabajo. Uno por vez, para no gastar oxigeno ni alimentos. Ese se había fijado como el tiempo máximo que podía soportar una persona en soledad. Además, si hubieran ido todos los obreros juntos podrían haberse rebelado.
En fin, eran el último fusible por si algo salía mal que los computadores no pudieran arreglar solos.
Y eso que podía arreglar casi cualquier cosa.
Por eso, él, se aburría, recorría la nave de arriba abajo, vigilante. Iba al puente y se sentaba en la silla del capitán. Unos días imitaba al capitán Kirk, diciendo adelante, otros levantaba la ceja como el señor Stock.
Y miraba las estrellas, tantas estrellas...
Recorría la sala de máquinas, la de éxtasis.
Maravillado porque no había una pizca de polvo en ningún lado, sucio, si, por la grasa de las máquinas, pero ni una gota de polvo.
Y maravillado por el tamaño de todo, él tan acostumbrado a vivir hacinado en esa Tierra con tantos problemas.
Eso sí, su camarote era de dos por dos.
Y nunca pasaba nada...
Siguió su rutina y se puso a mirar porno en la computadora, su única distracción posible, su ocupación principal.
Hasta que un día
Plick
El silencio se rompió, después de tanto tiempo, bah, el hacía ruido todo el tiempo pero ustedes me entienden...
Algo goteaba y la computadora no actuaba.
Buscó y buscó, hasta que en la sala de éxtasis vio que una de ellas goteaba.
Desesperado, tecleo por ayuda pero la computadora decía que estaba todo bien.
Él no sabía qué hacer.
Abrió la cámara y cayó de ella una chica joven, desnuda.
No respiraba...
Le hizo RCP y nada
Le miraba el pecho y nada, bueno, no, nada no, a él se le aceleraba la respiración, ella tenía unos grandes pechos.
La masajeaba desesperado, ya no sabía qué hacer, él era sólo un técnico de mantenimiento, no médico.
Ya cansado y a punto de abandonar, hace como en los cuentos que le leían de chico.
Y la besa en los labios...
Romance o el olor a ajo de su comida, hacen el milagro.
Despierta.
Escupe con asco, no por el beso, sino por el líquido de éxtasis.
Reacciona
Nuevamente Disney tenía razón... Cuando lo descongelen a él que lo besen en los labios, de ser posible que sea Mickey.
Ella grita al verse desnuda.
La tapo y le explico, pero corre a esconderse, cree que quiere atacarla.
La tranquiliza, sólo es que necesita unos días para reparar la cámara.
Ella recela, pero él, muy amable le ofrece su camarote, diciéndole que dormirá en el suelo del pasillo.
Al rato, ya de noche de la nave, todo más tranquilo, ella lo viene a buscar.
Al fin había entendido que él le había salvado la vida y quiere agradecerle.
Lo besa...
-Total, ya me viste desnuda, le dice, pícara, con esos ojos que descubrió que eran violetas.
Pasan días maravillosos, se aman.
Juntos miran las estrellas, ella le cuenta como se llaman todas y cada una, le explica los fenómenos que ocurren en ellas, la teoría de cuerdas, etc.
Pero... la reparación avanza y deben despedirse.
Llorando se despiden, prometiendo que en el planeta volverán a buscarse. Claro que ustedes saben que no será posible, hay demasiadas diferencias...
Y él vuelve a recorrer la nave solo, vuelve al silencio.
Pero ya no vuelve a mirar porno, ya no lo necesita...
Reina
Ella era muy bonita, un poco gordita, con el cabello negro y los ojos oscuros.
Y muy inteligente.
Estudiaba en la facultad de Ciencias Exactas o tal vez vegetaba ahí, la carrera no la convencía demasiado.
Se pasaba horas en la biblioteca buscando temas de estudio más interesantes, algo que fuera un avance como ella decía.
Tanto leía que cada vez iba yendo más profundo en la biblioteca, hasta la zona de los libros que no leía nadie.
¿Estarían prohibidos? Se preguntó.
Empezó a encontrar cosas muy curiosas, libros olvidados y polvorientos, escritos en idiomas raros y de sonidos oscuros.
Hasta aprendió arameo y árabe antiguo para entenderlos.
Un día, mientras estaba sentada en el piso, con las piernas cruzadas, dijo sin querer, en voz alta un conjuro que le sonó bonito.
Y Tuck...
Algo cayó del techo y ella casi se muere del susto pensando en las ratas que siempre había por allí.
Pero era una especie de hombrecito amarillo que movía la cabeza mareado y confundido.
-¿Un minión? Se preguntó sonriendo divertida, si no existen.
Pero el ser, si existía.
Y vio que seguía sus órdenes.
En los libros descubrió que se llamaban shmagis, Y que podía convocarlos a su antojo.
Probó varias variantes del hechizo y consiguió hacerlos de tamaño bastante parecido a un humano.
Pero ellos no comían, no dormían y eran adorables.
Hacían todo lo que ella les ordenaba, sin dudar.
Lo tomó como una señal.
Empezó a crear shmagis y se presentó a elecciones en la facultad, ganando por la cantidad de votos de los shmagis. Y pronto fue decana de la facultad.
Consiguió que todo mejorara muchísimo, reformó los planes de estudio, encontró campos de investigación nuevos.
Las empresas se peleaban por las patentes que iba sacando y colaboraban con montañas de dinero para nuevas investigaciones.
La facultad le quedaba chica, sintió.
Y empezó a escalar en el estado, concejala, diputada...
Hasta que la creación de shmagis, le alcanzó para ganar la elección de presidente.
El país pegó un salto de calidad con el trabajo de los shmagis. Nunca se cansaban y producían mucho mejor que los humanos, que podían descansar más.
Encima como era honesta y exigía honestidad en todos el dinero alcanzaba para grandes obras.
Y el número de shmagis crecía en todo el mundo.
Gracias a ellos, mañana sería elegida presidenta de la unión mundial.
La humanidad viviría una época de paz y bienestar, estaba segura.
Claro, hasta que los shmgis tomaran conciencia y se rebelaran...
Juntos
Envejecer juntos.
Siempre fue mi sueño.
Pero hoy me voy primero
Por el puñal que tus manos clavaron en mi pecho.
Juegos de chicos
De chicos jugábamos a enterrarnos en la arena. Riéndonos contentos.
Y ahora que te entierro, gritas desesperada. ¿Quién te entiende?
Callate, ahora, que te va a oír el sereno del cementerio...
Intercambio
Porque no puedo estar en tus sueños
Si vos estas en mis pesadillas...
Tormentas
La tormenta
Se llevó el calor de la ciudad
Siempre tan agobiante.
Las gotas de lluvia
Caen desde mi tejado,
Se deslizan,
Lentas ahora,
Que la tormenta amaina.
Plinck
Cae una sobre las hojas de arriba
De un árbol sin memoria
Plinck
Caen en las hojas de abajo
Plinck
Caen en las de más allá.
Y así va saltando mi pensamiento,
Pensando en amores pasados,
Mujeres lejanas,
Errores, siempre en errores...
Todo lo voy transformando en poemas
Y la lluvia se va
Las gotas se van
Los poemas se van
Mi vida, se va...
Frío
Tengo frío sin tu calor
En esta noche sin luna
Frío,
Sin que tu aliento caliente mis manos
Frío, tanto frío
Ardías bien, pero te consumiste demasiado rápido.
Escribir tu nombre
Tantas veces quiero escribir tu nombre
En papel, en la pared, en todo.
Como cuando éramos adolecentes
Y escribíamos el nombre del ser amado
Para no estar tan solos.
Tu nombre...
Justo cuando iba a decirte que te amaba,
Te llevó el covid
Ni siquiera pude decirte adiós.
Quiero escribir tu nombre,
Hasta en el cielo,
Para que esté cerca de ti...
El tiempo me pasó
No reconozco mi rostro
En el espejo,
Entre tantas arrugas...
La cuarentena
Parece habernos envejecido a todos,
Demasiado.
Tanto tiempo sin verte,
Encerrado en mi casa.
Y ahora...
Sólo un helado sol,
Se ve por la ventana.
Tanto tiempo sin ver a nadie.
Lleno de miedos,
Apenas veo, al enfermero
Que promete aflojar el chaleco
Si dejo de golpear
Las paredes acolchadas,
Con mi cabeza...
Errores
Siempre errores.
Siempre recordando los errores cometidos, amores, familia...
Errores, todo errores, sólo errores
Está bien que el último...
Tendría que haberte enterrado un metro más profundo, como a las otras. Los perros no te habrían olido y yo no me estaría comiendo treinta años de cárcel...
Hasta las hojas tiemblan
Estoy en el sur, estuvo toda la noche nevando, los suaves copos caían y caían lentos.
Sólo hay blanco allá afuera.
Soy el guarda parques, así que por supuesto estoy solo para mirar por la ventana de la cabaña. Pero, bueno, mucho no me importa porque soy de la gente que no tiene demasiadas habilidades sociales, con lo que no extraño la ciudad ni la gente. Encima cuando empiezo a mirar con cariño a las ciervas, me hago una visita al puticlub.
Ya casi es mediodía y salgo a hacer la ronda matutina.
En general es tranquilo pero a veces hay cazadores furtivos o gente que acampa en lugares prohibidos.
El camino está lleno de nieve y cuesta caminar.
Pero el aire frío me llena de vida. Respiro fuerte para atrapar todo el aire.
¿Y aquello?
Corro, entre los árboles se ve un bulto tirado, un ciervo muerto, supongo...
No.
Es una mujer desnuda. Está muerta, golpeada, muy golpeada.
Enseguida pienso en un marido golpeador, culpa de tantos libros y pelis que uno mira.
¿Qué tal si ya resolví el crimen? Soy un crack...
A pesar del frío la tapo con mi campera, me da cosa dejarla ahí desnuda. Llamo a la policía inmediatamente.
Llegan los forenses y acordonan todo, como si hubiera gente pasando...
Se me presenta la policía que estaba a cargo del crimen.
-Soy la sargento Sánchez, Natalia es mi nombre.
Es medio alta, gordita con el chaleco antibalas puesto, morocha, con unos ojos negros que te taladraban.
M interroga pero es obvio que no se nada. Ahora sí, más calmado, le puedo sostener la mirada.
Me dice que por las huelas digitales es Irene Rodríguez y era monja.
Pucha, adiós mi teoría del marido golpeador, suerte que no le dije nada.
Ahora ¿quién podía tener tanto odio por una mujer si no era el marido?
-Parece que vivía sola, en una ermita, en la montaña, ¿seguro que no la conocía?
-No, no, eso está fuera del parque, además de solitario no soy muy de ir a misa, precisamente...
Se ríe, que linda sonrisa que tiene.
-¿Y usted, le puso su campera por encima? Me dice extrañada.
Yo solo puedo asentir. No sabría cómo explicarle que me pareció lo correcto.
-Tengo que recorrer la zona, me dice, ¿Me puede hacer de guía o tiene mucho trabajo?
Como no, en esta época no hay mucho movimiento de gente...
Fuimos hasta la ermita en las motos de nieve, cuando llegamos estaba todo revuelto, está bien que muchas cosas no tenía pero estaban todas en el suelo, hasta el colchón todo destripado.
Más que nada había libros religiosos, sobre todo un misal que parecía muy usado, unas estatuitas de santos, todas rotas.
Buscaban algo, es evidente.
Con los guantes de látex que me dio ella, revisamos los libros (Y... si pensando en Borges, el nombre de la rosa y las otras veinte mil historias parecidas)
Miraba los lomos, las cubiertas, los subrayados, si las páginas marcaban pasajes, mensajes secretos.
Pero nada.
Ella, más práctica, buscaba escondites secretos pero tampoco encontró nada.
Le digo que hay víveres, ¿se sabe si iba a la tienda?
-me dicen que hay un cura que la visita una vez por mes con víveres que le manda la curia.
¿Sospechoso, pregunto?
-En principio no, pasó hace quince días por acá y no hay marcas de cubiertas recientes, ni de motos. Podría haber vuelto, pero lo lógico es que la hubiera matado cuando vino con los víveres.
-¿Y si fue un sacrificio, que se yo, por el solsticio o una alineación planetaria, algo que ver con la estrella Betelgeuse, que está de moda?
-No, dice riéndose, eso es toda literatura. Tenes que salir más.
(¿Fue mi imaginación o lo dijo con doble intención? Que lastima no tener habilidades sociales...)
Para salir del paso dije-Alpargatas no, libros sí.
Nos fuimos de la ermita con más preguntas que antes.
En los días subsiguientes fuimos recorriendo todos los parajes del parque cercanos a mi cabaña, pero nada. Seguía nevando, me sorprendió su cara cuando en medio de la nada, salió corriendo un cervatillo, con el lomo todo cubierto de nieve, parecía el ciervo mágico del rey Arturo, tan brillante, con tanta hermosura...
Y el ciervo también era bastante bonito.
El tiempo pasaba y ella empezó a tener otras cosas que hacer, cada vez venía menos, cada vez había menos pistas que seguir.
Aproveché, entonces, a hacer una de las rondas largas, esas que hago cada quince días o un mes. El parque es enorme y yo solo no puedo recorrerlo todos los días.
Como siempre, en esta época del año, no pasa nada, todo estaba tranquilo.
De repente notó que hay humo a lo lejos.
-Uh, eso es lo más terrible, los incendios destrozan el bosque.
Voy hacia donde está el humo, preocupado.
Pero veo que es la chimenea del refugio.
-Qué raro, me digo, debería estar vacío, nadie pasó por la cabaña mía a buscar las llaves...
Al entrar veo que hay un hombre muy alto, de grises cabellos y está quemando en la chimenea unos troncos.
Se nota que no tiene mucha experiencia porque quema ramas verdes y hojas, incluso, por eso tanta humareda. ¿Qué hace aquí, fuera de temporada, alguien así?
Me explica que se perdió, que estaba abierto y se refugió aquí de la tormenta de nieve.
Tiene una mirada huidiza y como que duda al hablar.
Me parece sospechoso pero trato de disimularlo. Le pido que pase por el puesto a dejar sus datos, pensando en llamar a Natalia, digo al sargento.
Me doy vuelta para salir y al hacerlo escucho el silbido de que está levantando el atizador sobre su cabeza para golpearme con él.
Por suerte, puedo para el golpe
Me tira más y los eludo, tampoco en esto tiene experiencia y es muy pesado.
Cansado del bailecito, avanzo cuando levanta el brazo para descargar otro golpe y crash, se lo doy vuelta, adiós manguito rotador. Le pego un rodillazo y cuando se dobla lo golpeo con las dos manos juntas en la nuca.
Y... ya dije que en la secundaria tenía pocas habilidades sociales, así que tuve que tener habilidades en las peleas, para sobrevivir. Era duro el Nacional 17.
Cuando lo interrogan, descubren que no estaba muy cuerdo, dijo que la monja era la custodio de un antiguo secreto y aunque la torturó no se lo reveló. Se quedó por la zona esperando por el cura para sacárselo a él. Por supuesto la curia negó tener tales secretos...
No hay nada que hacer, gente con problemas hay en todos lados.
Ah, hablando de problemas y pocas habilidades sociales, voy mejorando, hoy a la noche salgo con la sargento...
No te la regalé
No te regalé una rosa y debí hacerlo.
Una rosa roja como mi pasión, tal vez por tímido, tal vez por ser demasiado legal.
No creía entonces, que dejaras a tu novio por mí.
Pero hoy sé que si lo hubieras hecho.
No te regalé flores y debí hacerlo.
Y hoy llevarte calas a tu tumba, no es lo mismo...
No puedo
No puedo dejar de pensar en ti.
Tener tus órganos guardados no me ayuda mucho.
Tonta borrachera
Ya no me sirve emborracharme para olvidarte.
Todavía siento
Que mi boca se disuelve en la tuya...
Miro por la ventana,
Hay dos palomas en su nido.
Y volaran sobre mis problemas.
Tu perfume está en mi almohada.
Tus lágrimas en mis manos
Y tu adiós se disuelve en la noche...
Sigo
Sigo amando a todas las mujeres que alguna vez amé.
A pesar de que pase el tiempo
Tal vez porque fueron ellas las que me dejaron
Al saber que era Jack el destripador...
Siempre amé
Siempre amé a las mujeres por sus ojos.
Pero ya ciegas no me gustaban...
Rojo
Rojo tu pelo
Rojas tus mejillas, arreboladas después de hacer el amor.
Rojo tu coche.
Mis ojos, enrojecidos
Y tu sangre, tan roja...
Misterios
Decís que me conoces, que soy transparente.
Pero te quedan misterios por conocer.
Por ejemplo no sabes dónde puse la llave de las esposas...
Que fantástica esta fiesta
Ring, ring
La señora Miel se despertó sobresaltada, corrió a abrir la puerta con un mal presentimiento... nadie toca la puerta a las cinco de la mañana, si no pasa algo malo...
-Inspector, ¿Qué pasó? Le dice al ver que es el inspector Mosaico, que encima venía con otro tipo.
-No, no se preocupe, no pasa nada, ábrame por favor.
La señora Miel lo deja pasar, extrañada.
El otro tipo entra y se sienta en uno de los sillones, se lo ve pensativo y medio fuera de foco, mientras Mosaico se lleva a la señora Miel a la cocina a preparar café
-Ese es tu amigo Esteban, ¿no?
El papá de tu ahijada, la que murió con la mamá en un accidente...
-Sí, sí, parece que no tiene suerte, es vendedor de una empresa y resulta que hacían una fiesta empresaria en una de esas quintas que se alquilan. Al final de la fiesta apareció muerta la jefa de ál. Que encima de llevarse mal habitualmente, esa noche se habían peleado.
-Uh, que horror
-así que es el principal sospechoso. Igual no se asuste, todavía no tiene orden de captura ni nada que se le parezca, así que yo no estoy violando la ley, no se preocupe por mí. Se va presentar a la policía pero antes yo quiero saber más. No creo que esté con fuerzas como para enfrentar alguno de los energúmenos que hay en la policía. Lo van a hacer confesar cualquier cosa.
¿Se lo dejo acá y le va preguntando a él que como pasó todo, mientras yo voy hasta la quinta para averiguar todo?
-Sí, hijo, no hay problema.
Que no lo vea nadie, por favor. Ahí trajimos unos churros para que desayunen.
-Qué problema, ¿No?, le die la señora Miel a Esteban, mientras le sirve café. Contame que pasó.
-Era la fiesta de la empresa, lo festejábamos en una quinta del gran buenos aires. Ahí había varias fiestas al mismo tiempo, así que había mucha gente. Comimos bien, bebimos muchos brindis y algunos estaban bailando. Como siempre hubo mucha tensión con la jefa y ella estaba sentada sola en una punta de la mesa, la invité a bailar, si, estaba medio borracho sino...
Ella, en lugar de agradecer, empezó agredirme, poco menos que dijo que quería violarla, por robarme el puesto.
Ah, no le cuento la bronca que me dio todo eso. Me quedé mudo y con la boca abierta, ahí parado.
Yo creo que si hubiera sido un tipo, lo agarro a piñas pero era una mujer, así que lo que hice fue darme media vuelta y salir. Agarré el auto y lo arranqué enloquecidamente.
Por suerte a las dos cuadras, me di cuenta que estaba demasiado borracho y paré. Pensaba pedir un uber para volver a casa pero cerré los ojos un momento y pasaron dos horas. Me despertaron las luces de los patrulleros y la ambulancia.
Volvía para casa y en la radio dijeron del crimen de la quinta y que la muerta era la jefa. Inmediatamente
Me fui a lo de Miguel, el inspector Mosaico, a ver qué había pasado, sabía que sospecharían de mí.
-¿Y por qué se llevaban mal?
-No, en realidad no, al principio un poco porque decían que el puesto era mío, y me lo creí. Pero es cierto que ella sabía más, había estudiado y tenía muy buenas ideas. Yo sólo soy un vendedor, ni el mejor ni el peor, bueno, sí, pero el puesto de ella exige cosas que yo no tengo.
A pesar de las cosas malas que me pasaron trato de ser optimista y simpático con los clientes...
-A ver, ¿Que trabajo hacía usted y quien era el mejor como usted dice?
-Yo empecé a trabajar con el viejo dueño, Don Leonardo él la construyó de cero, vendíamos electrodomésticos por mayor pero en la tarde, se abría el galpón y atendíamos clientes minoristas, porque él decía que teníamos que tener contacto con los usuarios. Ahora que ya murió y se vendió a una multi nacional, seguíamos igual por tradición.
A ver, los mejores siempre fueron Mutt y Jeff, que los llamábamos así por la historieta de Clarín, usted se puede acordar, los chicos ni idea tienen. Ella asiente.
Yo vendo lo que el cliente quiere comprar, lo asesoro, le explico pero él compra lo que quiere. En cambio ellos, sobre todo Mutt, le vendían lo que él quería. Si usted iba a comprar una cocina, él le convencía de llevar una heladera también.
Pero, los dos están medio viejos y esperando la jubilación, ya no saltan sobre los clientes, se los dejan sobre todo a los nuevos.
Que son tres
Antoñito es el más veterano de ellos pero parece el más nuevo y mire que le estoy encima pero es un chico muy inseguro. Siempre esta con que lo van a echar, que no tiene suerte. Con decirle que hasta la jefa lo ayuda.
Después dos chicas, Silvana le siguen, es una chica buenita, muy respetuosa, pero no tiene mucha pasta de vendedora.
Y Marilyn, mejor dicho María. Es la más nueva y la que menos va a durar, se cree Marilyn en serio.
Tiene un lomo bárbaro, los clientes van hacia ella primero. Digo que no va a durar porque ella necesita un jefe varón, para acostarse con él y ascender más rápido. Aunque hoy en día a lo mejor la jefa también le servía.
No, ojo, la jefa había estado casada pero se separó para ir a hacer un posdoctorado a Bruselas, el marido se quedó con los dos chicos y ella ya no volvió a su casa. Él se volvió a casar y ella parecía no lamentarlo. Estaba presente con los chicos, eso sí, pero me parece que vivía mejor sola.
Por último estamos Viviana y yo. Ella es una gran amiga, me ayudó mucho cuando fue lo de mi mujer y mi hija.
-¿Un romance, tal vez?
-No, no, ella es muy feliz en su matrimonio, ya tiene hijos grandes y ahora va a ser abuela. El marido es un pibe bárbaro. No, no, nunca se nos cruzó esa idea.
Además, ya le digo, yo chichoneo con las clientas y me rio con los vendedores, los ayudo y aconsejo. Pero no puedo olvidarme de mi mujer y mi hija.
Las noches en soledad, la cama tan grande, el saber que mi hija no crecerá junto a mí..., dice y se le escapa una lágrima o varias.
Parece que además de ser buen vendedor, soy buen actor también.
Miguel lo sabe y siempre viene a visitarme con alguna botellita de regalo, sabe que lo necesito.
¿Qué le parece, Señora Miel?
-Hijo, sos el sospechoso perfecto.
Pero bueno, el inspector hace milagros y te va a ayudar. Ahora trata de dormir un rato que te va a hacer bien.
Al rato, vuelve el inspector.
-Al fin se durmió mi amigo. ¿Le contó todo?
-Sí, si...
-¿Y?
- Si me presentabas el caso, hubiera apostado que él era el culpable. Tenía motivo, oportunidad. Además si salió tan rápido con el coche pensaran que estaba huyendo.
-Sí, ahora si lo están buscando, para interrogarlo, todavía no hay orden de captura. Pero ya estuvieron en la casa. Pero usted sabe que él no fue, no pudo ser...
-Sí, hijo, yo pienso lo mismo que vos. Pero si suponemos que él es inocente, el segundo sospechoso también es él.
-¿Como, no la sigo?
-Claro, si no lo mató él, alguien lo mató por él.
-Ah, cree que le pagó a alguien. Pero eso salta enseguida, ya están investigando las llamadas y los movimientos de cuenta.
-No, no creo eso, no lo veo capaz. A ver, me trajiste las fotos de la autopsia...
-Bueno, no la hicieron todavía, pero tengo las fotos de la escena del crimen. Dicen que murió de un golpe en la cabeza luego de que la golpearan varias veces en la cara y los brazos.
-Mira, no podemos descartar algún extraño, dicen que había mucha gente desconocida en la quinta.
Pero yo sospecho de alguien cercano...
Mirá Mutt y Jeff ya están de vuelta, las chicas... no me parece. Tal vez Viviana podía tener competencia con ella pero se fue temprano, Silvana no parece capaz y para Marilyn no era rival, ni se lo hubiera planteado.
Queda Antoñito... y sabes, yo diría que no fue como dicen que murió.
Me parece que la secuencia fue otra, que la agarró, tal vez cerca del baño recriminándole como lo trataba a Esteban, ella estaba un poco borracha y del mal humor, le debe de haber dicho algo hiriente, tal le dijo que lo defendía a su noviecito Esteban o algo así. Entonces él la empujó, ella cayó y se golpeó la cabeza. Él al verla muerta, la golpeó lleno de rabia y desesperación.
Pero todo son hipótesis. Por eso camarada Mosaico su misión, si Ud. decide aceptarla, es encontrar las pruebas...
-Sabe que si, en un rato vuelvo, cuídemelo...
El teléfono sonaba y Esteban corrió a atenderlo pero la señora Miel llegó primero.
-Señora Miel, chapeau. Gracias a su ayuda, llegamos a la casa de Antonio, antes de que lavara la ropa. Tenía manchas de sangre que seguramente sean de la jefa. Además tenía los nudillos enrojecidos.
Si no fuera por usted se hubiera librado de esta.
Ya está confesando todo.
Música de blues.
Toco en mi piano, melodías de amores pasados, siempre pienso en ellas.
Y terminó siempre con aquel blues lento que me cantabas bajito, el día que fuimos juntos a la plantación.
Tanto dolor y sufrimiento, casi como el que yo siento estando solo y recordándote...
Pecas
-¿Te gustan mis pecas? Te pregunto
-Claro, me decís.
-Entonces sigo sin lavarme la cara.
Orden
Siempre fui desordenado.
Y cuando mi puñal entró en tu cuerpo, dejé tus órganos todos tirados por las calles de Londres.
Mis poemas
Mis poemas no son espejos de mí.
Mis cuentos no hablan de mí.
Quisiera que hablaran de plantas, de flores y de ojos verdes.
Me da vergüenza contar crímenes tan abyectos...
Pero son lo que las voces me obligan a escribir...
Me tételo en la cabeza.
Quise dejar muchas cosas en tu cabeza, meterte tantas ideas.
Siempre quise ser maestro y darte a conocer un montón de cosas.
También hubiera querido amarte, mejor dicho que me amaras...
Pero no me quisiste, ni siquiera quisiste que te desasnara y me hiciste mucho mal.
Yo quería meterte muchas cosas en tu cabeza.
Y solo lo conseguí con un par de balas...
Proposición
Dorita, la eterna amiga de la Sra. Miel, estaba sentada en el barcito del torreón del monje, en Mar del Plata, miraba el mar mientras esperaba a Antonio, su novio, que había ido al baño. ¿Qué quieres... el café y la próstata no se llevan bien?
Ella estaba nostálgica y se le dio por pensar cuando fue la primera vez que vio el mar.
Seguramente, pensó, fue de casi bebé. Recuerda o recuerda que le contaron, que quería salvar a su madre de las olas, lograr que su padre la protegiera sin saber que la madre nadaba mucho mejor que el padre.
Tuvo tantas vacaciones en familia y después tantas con Vicente, siempre en Mar del Cobo, siempre la misma casa, los mismos amigos...
El teléfono le interrumpió los pensamientos
-Tere, dijo. La señora Miel, preguntando si ya se había hecho la propuesta. Y es que ellas suponían que Antonio le iba a proponer casamiento o por lo menos la convivencia.
Ella dudaba, es que era la esposa de Vicente Frasoldatti y que él se hubiera muerto era algo sin importancia. Ella siempre sería su esposa.
Y dudaba porque Antonio era muy bueno, además tenía unos hijos y nietos tan hermosos que para ella, sin hijos propios, eran la familia perfecta.
Nunca echó de menos los hijos propios, siendo maestra había tenido miles. Tampoco a la soledad, gracias a sus amigas Tere y Martita, encima Martita tenía hijos que fueron casi los suyos.
Se dio cuenta que tenía miedo de lo que Antonio le dijera.
-¿Che, pensó, no está tardando mucho este hombre? Urgente tiene que ir al urólogo.
Y de repente el grito...
La gente corriendo, los murmullos, los suspiros.
Ella corrió, con un mal presentimiento.
Lo vio ahí, tirado, sangrante...
-Se cayó del techo del torreón, le dijeron, está muerto, le confirmaron.
Y ella lloró, sin entender nada.
¿Pero, como? Si fue al baño y está en el sótano, que hacía allá arriba. ¿Está bien que no veía casi nada pero subir escaleras?
Un grupo de salvavidas armó un circulo alrededor del cadáver, a lo lejos empezaron a escucharse las sirenas de la policías.
Desconcertada, pensó que haría la señora Miel, se dio cuenta que entre la sangre, Antonio todavía tenía el aroma de su colonia de lavanda inglesa.
Ella le había dicho antes de salir que se estaba poniendo demasiada.
Perdida por perdida, pero necesitada de saber, pensó en seguir el rastro de la colonia.
Se dirigió presurosa al sótano, cerca del baño empezó a sentir el perdurable olor de la colonia.
Se dio cuenta que el olor seguía más allá del baño, notó que había un par de escalones, que seguramente con la poca luz que había, él no los debe de haber notado. Al fondo del pasillo había una puerta, ahí el olor era más fuerte.
Supuso que se cayó o trastabillo hasta llegar a la puerta.
Probó y estaba cerrada.
Sintió algo que le daba mala espina, recordó que Iv, la ex alumnita de Tere le había enseñado a abrir puertas, se sacó una horquilla del pelo y consiguió abrirla.
Casi grita pero el miedo lo impidió. Tirado en el piso de la habitación estaba el cadáver de la moza gordita del bar del Torreón. Tenía el rostro hinchado, la lengua afuera, además la habían violado o así porque tenía la falda levantada y estaba sin ropa interior.
No sabía qué hacer.
Escuchó ruidos, alguien venía
¿El asesino?
Recordó que la moza chichoneaba con el gordito, el encargado del bar... se asustó más, parecía ser muy fuerte.
Corrió, en el fondo de la habitación había otra puerta, trataría de esconderse ahí.
Pero fue inútil, el gordito, estaba segura que era él, la había visto o tal vez solo sospechaba que fuera ella.
Entonces trabó la puerta, puso frente a ella todo lo que encontró.
Tomó el celular, por suerte había señal
-Inspector... no, no se me propuso. ¡Está muerto! No, no.... cállese y déjeme hablar, hay más estoy encerrada y afuera está el asesino, seguro que pronto estará dentro. Qué se yo, lo llamé a usted en lugar de la policía. Avísele usted, ya deben de estar por llegar al torreón.
El gordito empezó a golpear la puerta de metal
-Sé que sos vos, no quise matarlo pero sentite orgullosa, solo conseguí que subiera cuando le dije que si no te lastimaría a vos. Pero te juro que el culpable de todo fue él.
Yo estaba tranquilo, haciéndole el amor a Joanna, ya estábamos por terminar y a ella le gustaba que le apretara un poco el cuello en esos momentos, decía que tenía orgasmos más fuertes.
Pero el imbécil de tu novio, entró corriendo a trompicones a la habitación y yo me caí sobre ella, ahorcándola de verdad. No pos
Día dejar que él avisara, lo hice subir al torreón para que pareciera un suicidio.
Pero tenías que meter la nariz vos también.
Y bueno, diremos que fue un pacto suicida.
Tomó impulso, la puerta ya estaba a punto de ceder.
Pero en ese momento llegó la policía, que ya informada por el inspector Mosaico no atendió las quejas y se lo llevaron esposado.
Al fin Dorita salió de la habitación, pensando que a partir de ahora todas las vacaciones serían en Córdoba...
En la costa
Y por la costa camino
Mirando el mar
Pensando tanta cosas,
Tantos pecados que no podrían lavar
Ni las olas ni el mar.
Las olas...
Las olas, inconscientes de su destino,
Golpean las rocas
Y van, y van...
Vienen sin saber de dónde,
Sin saber adónde van.
Y como nosotros, van y van.
Cantan canciones
Junto a las gaviotas marineras,
Canciones de amor y de sal.
Y las rocas, tan altivas y distantes
Parecen no verlas.
Se yerguen tan altivas y distantes,
Tan en silencio
Que me recuerdan, tanto,
Tu conducta conmigo
En el medico
-¿Cómo anda del insomnio?, me pregunta mi médico.
Y yo me muerdo los labios para no confesarle, que tenía razón, que desde que no salgo a matar de madrugada, duermo mucho mejor.
Pero todavía escucho sus gritos...
En sesión
El psicólogo me explica que lo mío es pulsión de muerte, que al pensar en la sangre tengo recuerdos de menstruaciones olvidadas.
Y yo entonces le clavo mi puñal, sólo porque me gusta el color rojo.
Ya era tiempo que cambiara de psicólogo...
Noche
Era de noche
Lenta, calmada.
El calor me obligaba
A estar en la terraza
Mirando las estrellas parpadear.
A lo lejos,
Empecé a escuchar algo,
No sé, el aire tal vez,
Un suspiro quizás...
Era ella que bailaba.
Preciosa
Bailaba y bailaba
Junto a caracoles de cristal.
Tan bien
Que hasta un ángel bajó
Para verla de cerca.
Un canto lento, llega a mi ventana
Queriéndome despertar.
El silencio, me dice, nunca más.
Y ella baila y baila.
Un giro
Y vuelta a empezar...
Elección
¿Mortaja o traje?
No sé cómo me enterraran...
Y tengo poco tiempo para decidirlo...
Navidad
Navidad es el día.
Camino pensando que Dios inventa la familia y el diablo a la familia de tu mujer...
Paro, la veo sentada, tan triste tan sola en esta noche...
Me acerco y le hablo.
Pero veo que tiene sangre en las manos.
-No se preocupe, me dice, no es mía.
-Tampoco mía, dice una voz cavernosa saliendo de entre los arbustos.
-te dije que al ser Navidad muchos sentirían pena por vos y no se fijarían. Recién son las diez y ya es el tercero que cae.
Sus ojos brillaban casi tanto como el puñal que pronto bebería mi sangre.
Necesito dormir
Necesito dormir, poder soñar.
Pero solo tengo pesadillas.
Sólo veo tu rostro,
Siento tu voz,
Diciéndome adiós, que ya no me amas
Y siento tus manos en las mías
Tu pelo en mi pecho
Y siento
Tu corazón palpitante en mis manos
Recién arrancado de tu pecho.
Me siento a recordar
Recuerdo tanto a las mujeres que amé.
Recuerdo sus ojos, casi siempre verdes
Sus manos, su pelo...
Tanto recuerdo.
Y si me olvido de algo,
Bajo al sótano donde todavía tengo sus cuerpos, y verifico...
En ti
Pienso mucho en ti
En tu voz, en tus ojos.
En la última vez que te vi,
Cuando me dijiste adiós.
La última vez que te vi...
Bueno, yo y el resto del mundo. Nadie te ha vuelto a ver...
Era una fiesta
Era una fiesta, todo era bullicio. Cantaban, bailaban, reían....
Un hombre se acerca a la señora Miel, con los ojos medio extraviados.
-Si es tan buena detective como dice, adivine quien es mi asesino.
Dijo mientras caía y dejaba ver que tenía un cuchillo clavado en la espalda.
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